A 30 años de la partida de un emblema en la lucha por los derechos de los jubilados
“Norma Plá abrazó la causa más por los otros que por ella misma”
Su hija Cristina, junto a jubilados y dirigentes locales, encabezarán el evento este jueves por la mañana. La “bronca” por una historia que se repite bajo el gobierno de Javier Milei.
Este 18 de junio se cumplen 30 años de la partida de Norma Plá, abanderada de la lucha de los jubilados en los años noventa. Una pelea que hoy se repite bajo el gobierno de Javier Milei y un modelo económico que copia más de una arista de los noventa. Así lo ve una de las testigos más cercanas del proceso que llevó a una vecina de Temperley a estar mano a mano con Domingo Cavallo y hacerlo llorar. Se trata de Cristina Plá, su hija, que este jueves participará del homenaje a su madre en Plaza Lavalle, donde Norma encabezaba las protestas.
“Ella escuchaba un programa de radio, no me acuerdo cuál, y era de llamar por teléfono y dejar mensajes por lo que se vivía en ese momento, hasta que un día nos dijo ‘algo tengo que hacer’ y armó la olla en la plaza”, cuenta Cristina en su charla con Buenos Aires/12. Recuerda esa primera noche con su mamá, su hermano Germán y vecinos del barrio frente al Palacio de Tribunales. Iban a ser un par de días. Terminaron siendo 40.
Entre las cosas que llevó a Plaza Lavalle, Norma cargó ollas, jarros y utensilios de cocina. “Yo miraba la tele y decía ese es mi jarrito”, repasa con alguna risa, algo que no se repite mucho durante la conversación. Con una voz cansada, relata cómo a principios de los noventa, con una pensión de 147 pesos, su “vieja” hacía malabares mientras trabajaba con más de 60 años en el kiosco de un boliche del barrio y con sólo el tercer grado de la primaria en su haber.
Sostiene que Norma no pudo tolerar un día a día como el actual: “Nadie llegaba a fin de mes, no había para comer”. Si bien ella contaba con el acompañamiento de sus hijos, Cristina remarca que su mamá “abrazó la causa más por los otros que por ella misma”.
Desde entonces, una pregunta la acompaña en su vida: “¿Tiene algo que ver con Norma Plá?”. Le llega a ella, tanto como a su hijos y sobrinos en la escuela. Es la cara “linda” de la moneda. La otra, repasa, fue vivir con dos o tres autos al frente de su casa sobre la calle Calabria que “miraban cada uno que entraba o salía”. Hasta hubo un allanamiento por parte de la policía “para ver cómo vivía Norma Plá”, mientras Cristina, con poco más de 20 años, estaba sola y su mamá en la plaza.
Hoy, a los 56 años, dice que es un “honor” que los diez centros de jubilados de Lomas de Zamora que todos los miércoles se manifiestan en Plaza Grigera contra Milei y la asfixia a la calidad de vida de los adultos mayores, recuerden su lucha y coloquen una placa en Plaza Lavalle. Será este jueves 18 a las 11 de la mañana, en recuerdo a los 30 años de su partida, aquel 18 de junio de 1996, y en el lugar donde descansan sus restos a pedido de la propia Norma.
“No llore ministro”
En 1991, Norma Plá ya era una figura pública. Más allá de la olla popular en Plaza Lavalle, todos los miércoles encabezaba una marcha de jubilados frente al Congreso de la Nación. Sí, tal cuál como pasa hoy con Milei. Se tomaba el colectivo hasta la estación de Lomas de Zamora, de allí el tren Roca hasta Plaza Constitución y, finalmente, subte o colectivo hasta la casa de senadores y diputados nacionales.
Pedía por una jubilación de 450 pesos. Cristina, su hija, cuenta que no tenía ningún vínculo con partidos u organizaciones políticas. Era ella frente al gobierno de Carlos Menem y un sistematizado ajuste que reventaba el bolsillo de los adultos mayores. Así, su rostro se volvió emblema de una pelea cuya honda y piedra resultó ser una olla y una voz conurbana que reclama una vida digna para los abuelos.

Así llegó a un tenso cruce con Gerardo Sofovich que defendía un aumento de 5 pesos otorgado por Menem. Invitada al programa Polémica en el Bar, fue tratada de “violenta” por “agredir” a la policía y de no aceptar la “sensibilidad” del entonces gobierno nacional. Incluso, le preguntaron por qué no se quedaba en su casa. “Yo salí a luchar porque tenía hambre, usted cuando tenga hambre, si alguna vez tiene hambre, va a salir a luchar también”, le dijo a un atónito Sofovich.
Esa personalidad frontal, transparente, de quien trabajó 42 años, construyó empatía en una sociedad diluida en el tormento económico a la que la sometía el neoliberalismo imperante. Esa empatía fue la que la llevó a estar cara a cara con el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo.
Cuenta Cristina que, junto a sus tres hermanos, se turnaban para acompañarla y pasar cada jornada con ella. Justamente, en una de las ocasiones que le tocó a ella, fue a buscar a Norma para volver a casa. “Pará un poquito”, respondió su mamá, a la que definía como “incontrolable”. Se corrió el rumor de que Cavallo estaba en uno de los anexos del Senado y Norma se acercó. “Los empleados le dijeron ‘pasá Normita, está en el cuarto piso”, recuerda y valora la complicidad de una sociedad donde “todos la pasaban mal”.
Logró llegar junto a un puñado de jubilados y periodistas. Allí se dio la mítica charla donde Norma Plá le planteó que no llegaban a fin de mes. “Si lo presionan de afuera, salga al balcón y diga que lo presionan que el pueblo lo va a ayudar”, le dijo Plá. Cavallo recordó que su padre también era jubilado y, por alguna razón, comenzó a lagrimear.
“No llore señor ministro, tenga fuerza”, dijo Norma. Le pedía que dé una batalla que, a la luz de los hechos, Cavallo nunca tuvo la intención de dar. Durante el improvisado careo, el exministro, que también manifestó su concordancia con varios lineamientos de Milei, habló de que debían depositar 60 millones de dólares a los bancos acreedores. Un número que, ni por asomo, se acerca a los 45 mil millones por los que Mauricio Macri endeudó al país, con Luis Caputo en el Ministerio de Finanzas de la Nación.
Cristina recuerda que su mamá nunca perdió la esperanza de que la situación podía cambiar. Nunca pasó. Todo lo contrario. Plá participó de más de cien marchas. Estuvo con los maestros, compartió batalla con el Carlos ‘El Perro’ Santillán y siempre abrazó las causas populares.
Su hija sostiene que su mamá no terminó siendo la que fue por su situación personal, sino que lo hizo por la empatía con los demás jubilados y pensionados. “La lucha la hacía más por los otros que por ella”, dice. Allí, en Plaza Lavalle, también emergió otra problemática: la cantidad de personas en situación de calle. Comenzaron a sumarse a la olla que se mantenía casi exclusivamente por donaciones. “Todavía tengo las libretitas de mamá donde anotaba quién y cuánto le daba y en qué se gastaba”, señala Cristina.
Trae a la charla una anécdota que la marcó para toda la vida. En una ocasión, un jubilado que vivía en la calle se descompensó en la plaza mientras comía o esperaba su plato del día. Al terminar la jornada, Norma lo llevó a vivir a su casa por un tiempo. Cristina le tuvo que dar su habitación. “Lo que más me acuerdo era que hacía agujeros en el colchón y guardaba pedazos de pan para después”, cuenta.
“Nadie se salva solo”
Norma Plá nació y vivió hasta pasada su adolescencia en Avellaneda. Creció entre Sarandí y Villa Domínico, donde conoció a Miguel, su esposo. Juntos, compraron un terreno en el barrio San José de Temperley, construyeron su casa, se mudaron y tuvieron tres hijos y una hija. Trabajó junto a su marido encuadernando libros, hasta que falleció. De allí, quedó con una pensión que no alcanzó para sostener a sus hijos.
No había terminado la escuela. Buscó laburo limpiando casas y hasta en una fábrica de huesos de cuero para perros. Pero, ante todo, mantuvo su cercanía con instituciones del barrio, ahí cerquita de la esquina de Pasco y Salta. Ayudaba en el club, en la cooperadora de la escuela y daba una mano a los vecinos organizando la colecta para tener el asfalto o el alumbro de la cuadra. Así, empuje más, empuje menos, un día se lanzó a Plaza Lavalle.
Cristina recuerda esa decisión como un proceso inevitable. “Siempre la enseñanza de mis viejos fue que no te salvas solo”, subraya. Cuenta que ambos sostenían que “sirve juntarte con el vecino, porque se progresa si estamos todos juntos”. Hoy en día, ella continúa con ese legado de lucha junto a centros de jubilados y el dirigente local, Claudio Morell, alineada dentro de la Subsecretaría de Derechos Humanos de Lomas de Zamora que encabeza Laura Berardo.
Dice que está con ganas de estudiar para ser asistente social. Su juventud no se lo permitió, mientras había algunas discusiones con sus hermanos y su mamá sobre el tiempo que le dedicaba a la plaza y las marchas. “En ese momento se iba y no había celulares como ahora, no sabías nada durante toda la noche”, apunta.
Cuenta que pasó de trabajo en trabajo, desde un supermercado donde llamaban para decir que “iban a matar a mamá”, hasta tener una verdulería o vender purificadores de agua. Se le mezclan las fechas cuando habla sobre el momento en que a Norma le detectaron cáncer de mamá. Resulta que, en una de las movilizaciones, un policía le pegó un palazo en el pecho y notaron un bulto. Fueron al médico y las noticias no fueron las mejores.
“Mi vieja estuvo como un mes internada, salió y al otro día estaba en la plaza”, recuerda. Empezó la época de usar una peluca a causa de la quimioterapia, una marca que no privó a Norma Plá de seguir marchando. En la conversación se cuela la historia de cuando la policía le arrancó aquella peluca durante una manifestación frente a la Sociedad Rural Argentina. Porque Norma no aflojó.

No aflojó cuando Carlos Menem y Domingo Cavallo congelaron las jubilaciones en un proceso de hiperinflación y desfinanciaron el sistema de reparto de la Anses al crear las AFJP que terminaron fundiendo y dejaron a muchos abuelos en Pampa y la vía. No aflojó la que sostuvo que no había plata para los jubilados, pero “sí para canchas de tenis en Olivos”.
Norma Plá despertó amores y broncas. “Nos venían a preguntar quién la financiaba y hasta nos ofrecieron plata para que nos quedemos en el molde”, repasa su hija. El rechazo fue de cuajo. Norma rompió el molde. Una “viejita”, como las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo que se puso al hombro una causa colectiva. Que, a pesar de su salud, metió choriceadas frente al Congreso, al Ministerio de Economía, a la ex DGI y hasta la embajada británica. Sólo el tiempo la frenó.
Alrededor de un mes antes de partir, rememora Cristina, fue a una de las últimas marchas como siempre. Colectivo y tren, tren y colectivo. Se descompensó. Pocos días después estaba internada en el hospital transitando su despedida. En la habitación, les pidió a sus hijos volver a su casa porque era allí, el hogar que construyó junto a su esposo Miguel y en el que crecieron Miguel Ángel, Roberto, Germán y Cristina, el lugar donde quería decir adiós.
“La cuidamos y atendimos hasta el último día”, dice Cristina. Norma se fue a los 62 años. Pidió que la cremen y lleven sus cenizas a Plaza Lavalle, el campo de batalla donde jugaba de local. Costó un poco, pero el deseo se cumplió. En ese mismo lugar, este jueves tendrá a su hija, jubilados y dirigentes lomenses, colocando una placa que recuerda una vida de lucha transparente y sincera.





