En una economía que tiende a la peruanización

Las cifras de Indec dan cuenta de que el consumo masivo se contrajo 2% en los dos primeros meses del año respecto al inicio de 2025. Sin riqueza industrial, sin salarios industriales y con consumo a la baja, una semejanza a la estructura económica de países como Perú.
Uno de los argumentos del equipo económico para matizar la débil performance del consumo es que venimos de años en donde, por la alta inflación, los consumidores se defendían calentando la demanda. Sin embargo, los números caen en comparación con la performance del consumo de hace un año atrás. Con lo cual, el factor distorsivo del acopio ya no sirve para explicar la caída de la demanda, al no ser que piensen que la gente que compró en 2023 se stockeó por tres años de artículos de primera necesidad.

Por lo tanto, los datos oficiales dan cuenta de una realidad evidente: el consumo masivo en el gobierno de Milei se deteriora.

La inflación y los gastos fijos esmerilan la demanda

Algo en lo que también coinciden consultoras privadas con prestigio en la medición del consumo como es Scentia que advirtió una contracción de la demanda mes a mes. Asimismo, para el consultor especialista en consumo masivo Damián Di Pace, un porcentaje de la población empezó a reducir su compra de alimentos. Para el analista, esto obedece a que se redujo el dinero disponible de las capas medias luego de pagar los gastos fijos. Relevamientos realizados por este analista económico dan cuenta que, por la actualización de las tarifas, el pago de servicios se lleva el 30% de los ingresos familiarescuando hace dos años atrás tenía un peso del 10%.

La misma tendencia bajista advierten los supermercados regionales. En diálogo con La Nueva MañanaVíctor Palpacelli, presidente de la cámara, señaló que “en febrero, cerró el mes 5,5% abajo en unidades vendidas interanualmente”. Mientras que, en marzo, la contracción de ventas fue similar, “esto muestra que no hay una reactivación del consumo. Contrariamente, cuesta sostener la venta que venimos teniendo”, destacó quien también dirige la red Almacor. 

Menos empleos y poder adquisitivo, los motores de la demanda se apagan

Claramente, hay dos variables principales que explican el desinfle de la demanda. una de ellas es la reducción de los trabajadores registrados que al ser de magnitud achican la masa salarial. De acuerdo a información oficial, en los últimos dos años se perdieron más de 200 mil empleos formales. Asimismo, vemos que los salarios perdieron en el último año más de 4 por ciento frente a la inflación, profundizándose la tendencia de pérdida de poder adquisitivo.

El deterioro del ingreso es un factor que explica el desplome de la demanda. Al punto tal que, si dado al repunte inflacionario, la gente quisiera hoy stockearse como lo hizo en los años 2022 y 2023, no podría hacerlo porque su ingreso no se lo permitiría. En el caso de los sectores medios, muchas veces tienen que elegir entre mantener servicios o bajar consumo de bienes de primera necesidad.

Leche y carne con caída de demanda interna

La performance de los principales bienes de la canasta de alimentos siempre son un buen predictor de lo que está ocurriendo con la demanda. En el caso de la leche, el volumen de ventas de la industria a los supermercados está por debajo de 2025, comparando los dos comienzos de año, de acuerdo al último informe de CREA, entidad referente en datos agropecuarios. Mientras que las exportaciones de productos lácteos muestran una significativa recuperación.

En lo que respecta a la carne, otro alimento de peso en la canasta, también se observa la misma dinámica. El mercado interno está traccionando en lo que va del año un 10% menos de carne vacuna en comparación con el año pasado, según informa la cámara de frigoríficos de Argentina. De lo anterior se desprende, de acuerdo a las proyecciones de consumo per cápita por año, que se comen 1,8 kg menos por habitante que el año pasado.

Asimismo, en la vereda de enfrente del mercado interno, las exportaciones tuvieron buena performance. En el mismo informe destacan que los despachos de carne aumentaron 11% en relación al año pasado. De modo tal que se consumen 56 mil toneladas menos de carne y se exportan 19 mil toneladas más.

Avanza la proteína importada de Brasil en las góndolas

Ahora bien, también hay que destacar que los sustitutos de la carne vacuna, cerdo y pollo, consolidan su tendencia de demanda alcista. Sin embargo, vale la pena mencionar un punto clave aquí que da cuenta de la dinámica económica estimulada desde la Casa Rosada. Desde el Instituto para el Desarrollo Agroindustrial Argentino advierten que se disparó la importación de carne de cerdo y de pollo alentada por el dólar barato y la desregulación externa.

Así, mientras la importación de carne porcina subió 42% respecto al mes anterior, las de carne aviar escalaron 82%. De este modo, se llega a una paridad compleja para el sector avícola; dado que, por cada 100 kg exportados, se importan 22 kg. Una relación que, de no revertirse en los próximos meses, podría generar daños en la industria avícola, un sector que produce alimentos eficientemente.

Como en Perú: una economía commodities dependiente y productivamente desintegrada

De lo anterior se concluye que está mutando el perfil económico de Argentina. Con un modelo de apreciación cambiaria, pro importación, que asfixia al tejido industrial que se achica destruyendo puestos de trabajo, lo cual supone menos salario industrial con alto poder de consumo. En efecto, con sectores insertados en el comercio exterior ganando (agro, minerales, hidrocarburos y otros commodities alimentarios) y el sector mercadointernista vinculados a la demanda interna e industria perdiendo.

Esto da como resultado un perfil económico que se asemeja más a la estructura económica de países de la región como Perú o Paraguay; sin riqueza industrial, sin salarios industriales, por tanto, con consumo corrigiéndose a la baja.