“La esperanza no se perdió nunca”
A 50 años del inicio de la última dictadura cívico militar se identificó a Adriana o Cecilia Carranza, sanfrancisqueñas secuestradas en aquella época. Su sobrina Mariana Sanmartino contó quienes eran, cómo impactó esto en la familia y realizó un pedido para que estas identificaciones sigan repitiéndose.
Tenían 18 años y vivían en un país convulsionado y atravesado por la violencia. Ambas alzaron la bandera de ideales que para los detentadores del poder debía ser proscripto a como diera lugar. Ellas eran Adriana María y Cecilia María Carranza, de 18 años, mellizas sanfrancisqueñas desaparecidas en la dictadura cívico militar que decidió los destinos del país entre 1976 y 1983.
Pasaron 50 años de aquella jornada en que las secuestraron, del momento en que todo se volvió negro. Medio siglo después los restos de una de ellas (aún no pudo dilucidarse cuál es) fueron identificados entre los restos que estaban en una fosa común dentro del ex centro clandestino de detención de La Perla.
Mientras muchos debaten si se trata de un oportunismo, o un guiño del destino que permite “alzar más alto” la bandera de la memoria, para los familiares de las hermanas Carranza es un aliciente entre tanta oscuridad, entre tantas lágrimas que se derramaron en este tiempo y una pregunta que no tenía respuesta “¿dónde están?”.
“Primero tuvimos acceso a la información que circulaba, de que había 12 personas identificadas. Era una mezcla de… que se yo, no sé si sabía o quería que fueran mis tías”, contó emocionada su sobrina Mariana Sanmartino a El Periódico.

El momento
De esta forma, a la mujer se le presentó una “mezcla de emociones” que además la tuvo como portadora de la novedad. “La esperanza no se perdió nunca, por eso seguimos buscando. A mí me llamaron del Juzgado, mi hipótesis es porque de todas las personas de la familia que, por suerte, dimos sangre para formar parte del Banco de Datos Genéticos, soy la única que conserva el teléfono fijo. Entonces, nos dijeron que había avances, que debíamos tener una reunión”, relató sobre el momento.
Aparecieron así preguntas que no tendrían respuestas hasta que fueran al Juzgado en Córdoba. “¿Qué habrá pasado? ¿Qué se encontró?”. Acto seguido le dijeron la novedad a su mamá Olga Carranza (hermana de las víctimas), que rompió de inmediato en llanto porque la sensación fue abrumadora.

Afloran los sentimientos
Las mellizas eran las menores de ocho hermanos de los cuales tres están vivos y son los que lograron saber al fin qué fue de esas jóvenes que estudiando en Córdoba fueron secuestradas como parte de un plan de exterminio atroz.
“Mi mamá – de casi 87 años -me está dando lecciones de sabiduría y templanza, su primera reacción fue llanto y después confusión. Esa tarde se juntaron los tres hermanos, que de casualidad estaban muy cerquita y tuvieron un rato larguísimo de mates con esa sensación y ese compartir de los velorios”, confesó.
Los minutos se hicieron largos, aparecieron los recuerdos, trajeron a la memoria a esas jovencitas, “las huellas perdidas y la vida misma”. No obstante, a pesar de esa tristeza, nunca en 50 años lo habían experimentado: “Esa sensación la familia nunca la tuvo”.
Sanmartino comentó que lo sucedido permite dar un cierre que quienes son familiares de desaparecidos no han podido experimentar. “Uno atraviesa cuando se muere alguien sabe que se murió y sabés dónde está. Acá no, esta es una de las tantas perversiones que vivimos con los desaparecidos que seguimos buscando y seguiremos buscando, pero con más fuerza que nunca”.
Reconstrucción
Cuando desaparecieron las mellizas, Mariana tenía un año, pero sus hermanas mayores eran casi de la misma edad y sus vivencias son las que le permitieron “conocer” indirectamente a esas tías.
“Me fascina escuchar esos relatos. Eran súper comprometidas, mi mamá también me contó que ellas le pedían la ropita, que yo no usaba más para llevarla con la gente que la necesitaba. Con estas anécdotas conocemos su compromiso social”, rememoró.
Queda una cuestión por dilucidar, algo que escapa a la inmediatez. No se pudo atribuir el diente hallado a una u otra hermana por las coincidencias genéticas. “Si alguna de ellas hubiera tenido un hijo o una hija, que no es el caso, ahí sí habría una información más específica y particular de una de ellas que permitiría tener más datos en ese sentido.
“Como no fue el caso y no tenemos nada de ellas previo, no se puede decir de cuál de las dos se trata. En el caso de que apareciera el mismo diente y diera el mismo resultado, podríamos decir que hay restos de las dos porque nadie tiene dos veces el mismo diente”, afirmó Mariana.
Memoria
A medio siglo de que empezaran a peregrinar para saber sus paraderos llegó la respuesta. Mariana insiste en que las familias no deben rendirse: “Los estudios siguen, dentro de un futuro entonces tendremos más nombres y apellidos de personas identificadas y las campañas van a seguir, esto recién empieza”.
Para esto es necesario que familiares sigan dando una muestra de sangre al Banco de Datos Genéticos para ayudar a que ante el hallazgo de restos óseos se puedan cotejar. “Es un hecho que trasciende las particularidades en las que cada familia y cada persona transitó tener un familiar desaparecido, que son súper diversas, lo sabemos. Trasciende eso”.
En 1976, las hermanas se habían ido hacía un año y medio desde San Francisco a la capital a estudiar en la Universidad Nacional de Córdoba. Cecilia, Ciencias de la Educación; Adriana, Ciencias de la Información.
Eran muy jóvenes, tenían un fuerte apego a la militancia social por una sociedad más equitativa y muchos sueños. Las secuestró una patota el 5 de mayo de 1976 y las tuvieron en el ex centro clandestino de La Perla.
Mariana aseveró que esa mancha negra en la historia existió y no puede borrarse. “La dictadura fue una realidad, fueron desaparecidos, torturados, asesinados, fueron tirados a fosas comunes, en el mar o donde fuera. Lo quisieron ocultar y acá estamos encontrando pedacitos, aun así los siguen encontrando y estamos hablando”.
El reciente hallazgo le permite a la familia de las mellizas dar un cierre, pero esto no significa que claudique la memoria, solo que se transite de otra manera porque ante sus familiares, la sociedad argentina y en especial la de San Francisco, Cecilia, Adriana y cada persona desaparecida siguen presentes, ahora y siempre.





