Algunas consideraciones a una semana de las elecciones legislativas: Los votos del 26 de octubre. El voto a Milei y la extorsión de Trump. El juego del miedo. Los juegos del hambre. Apostilla de cierre: rango y mando -Milei y CFK-.
A una semana de las elecciones legislativas es posible expresar algunas consideraciones básicas para poder entender los resultados que arrojaron las mismas. Esto quizás serviría para intentar imaginar algunos probables cuadros de situación próximos -en los diversos ámbitos trascendentales de la vida del país-.
Los votos del 26 de octubre.
Para asumir alguna reflexión posterior a las elecciones legislativas del 26 de octubre -respecto a cómo actuaron los ciudadanos empadronados-, primeramente consideramos conveniente señalar, de modo aproximado, algunos porcentajes a nivel nacional: De cada 100 ciudadanos argentinos -habilitados para votar- 32 decidieron no ir a votar (dejando en manos de los restantes 68 la conformación del congreso nacional). Esos 68 restantes dividieron así sus votos: 27 optaron por el oficialismo (LLA), 21 por el peronismo (FP -y sus distintos nombres provinciales-), y 1 por PU; los demás 19 optaron por diversas listas que tuvieron un protagonismo menor en los resultados. O sea 41 ciudadanos -de los 68 que fueron a votar- decidieron no apoyar a Milei ni a su espacio (LLA).
El voto a Milei y la extorsión de Trump.
Luego de la derrota del 7 septiembre en PBA el presidente Milei salió a jugar su destino con todos los recursos de los que pudo hacerse –aunque implicaran indignidad personal y graves perjuicios para Argentina-. Con varios de los funcionarios de su administración – inclusive el mismo presidente- y bastantes candidatos de su partido (LLA) involucrados en estafas, gigantescos casos corrupción y vínculos con el narcotráfico, el presidente argentino decidió ir a las elecciones del 26 de octubre apostando su permanencia –de algún modo más o menos estable- en el poder. Con los resultados puestos se demostró que acertó –él o quien haya estado a cargo del diseño- con la jugada táctica de ir con un mismo nombre (LLA) en todo el país. Y LLA incrementó sus votos. Este incremento podría acreditársele, en parte, al protagonismo que asumió el propio Javier Milei durante la campaña nacional. Podría especularse así comparando los resultados de octubre con los de septiembre en PBA –campaña en la cual su participación personal fue prácticamente nula-. Es necesario resaltar que estas elecciones de septiembre en PBA pusieron a su gobierno al borde de una caída definitiva. Ante el abismo -luego de aquel 7 de septiembre- Milei decidió, para salvar su presidencia a cualquier costo, jugar una última chance desesperada: ofrecerle Argentina a Trump en bandeja. Y le salió bien. Días antes de las elecciones –en medio de una fuerte inestabilidad cambiaria, que amenazaba no frenar nunca- Trump envió a su Secretario del Tesoro con un par de miles de millones de dólares para intervenir en el mercado – a fin de que el precio del dólar no se fuera a quién sabe dónde-; mientras, en paralelo, el mismo Trump amenazaba directamente a la sociedad argentina expresando públicamente que: Si no gana Milei en octubre él –Trump- dejaría de intervenir y no enviaría ni un dólar a Argentina. A partir de entonces en algunos ciudadanos –votantes indecisos- cierto frío espeluznante comenzó a correrle espaldas abajo.
En ese escenario, descrito líneas arriba, una gran parte de los votos que obtuvo LLA -el 26 de octubre- provinieron de ciudadanos muy asustados por la posibilidad de que, ante una gran derrota de Miliei y LLA, el lunes 27 estallara una crisis –financiera, política y social-. Dicha crisis muchos consideraron interiormente que podría haber llegado a manifestarse en un descontrol de precios, en un gran vacío de poder gubernamental, y en calles pobladas con revueltas populares de diversa índole –como posibles multitudes enfurecidas protagonizando actos vandálicos que podrían incluir saqueos a diversos tipos de comercios–. Esto encendió varias alarmas en algunos votantes en los cuales aún están frescos los trágicos episodios de 2001 y 2002. O sea, no es que los ciudadanos piensen –crean o sepan- que Milei y sus funcionarios no son estafadores, corruptos coimeros, o que no tengan vínculos con el narcotráfico –financiados como Espert o Patricia Bullrich, o traficando cocaína, como la electa senadora neuquina Lorena Villaverde-, sino que algunos votantes decidieron priorizar el riesgo de estallido social por sobre toda consideración de índole moral. El 26 de octubre el gobierno de Milei fue apoyado como el de Menem en 1995: ambos fueron votado con vergüenza; y sin alegría, esperanza, ni amor; pero la vieja fórmula de Maquiavelo -para un gobernante es más favorable generar miedo que afecto- parece haber surtido efecto una vez más. De todos modos el 26 de octubre Milei no cosechó más votos que el histórico porcentaje de votos antiperonistas -40%-. Aunque en esta oportunidad al voto del antiperonismo se le sumó el miedo a que todo explotara. Y ante el miedo -de un estallido fatal- los votantes eligieron quedarse al menos con “paz para hoy”, aun a sabiendas que muy posiblemente redundará en “hambre para mañana”.
Lo cierto es que –más allá del sostén electoral que encontró Milei- las necesidades básicas de la gran mayoría de los ciudadanos argentinos continuarán, en el mejor de los casos, tan insatisfechas como hoy. Jubilados, discapacitados, comedores desabastecidos, enfermos oncológicos sin medicación, y una lista interminable de necesitados -con Milei y su gobierno pasando por alto descaradamente las decisiones del Congreso- seguirán, pasadas las elecciones de octubre, con sus padecimientos a flor de piel. Estos damnificados que han decidido -en el tiempo que lleva el gobierno de la administración Milei- reclamar en las calles de modo sectorial quizás deberían asumir que su modo de reclamar es tácticamente infructuoso. Es más, tal vez, deberían pensar si acaso ese modo sectorial de reclamo no favorece en gran forma a la estrategia del gobierno de Milei. Da la impresión de que si no logran unirse -para llevar adelante sus reclamos- lo único que cosecharán, al menos en los próximos 2 años, es indiferencia y lastimaduras en sus cuerpos producto de la enloquecida represión que comanda Patricia Bullrich.
Rango es la categoría de una persona con respecto a su situación profesional o social –como, por ejemplo, un director de escuela o un ministro-. El mando, por otro lado, es la autoridad y el poder que tiene el superior sobre sus subordinados. Cuando quienes debieran, por respeto al rango, cumplir cabalmente las órdenes del superior mandante dejan de obedecer a rajatabla -a quien ostenta el rango de autoridad- entonces el mando comienza a desgastarse, y el rango ostentado por el funcionario pasa a ser una mera categorización decorativa. Hoy da la impresión que este proceso de pérdida de mando, en algún grado, alcanza a las figuras más importantes del oficialismo –Javier Milei- y del peronismo –CFK-. Milei, sin ningún tipo de prurito, ha entregado la suma de sus voluntades al arbitrio de Donald Trump –ya que la amenaza de que “si no se hace lo quiero me retiro” también alcanza al propio Milei-. Milei termina así sometiendo también, por añadidura, a su plantel ministerial al mando de los funcionarios estadounidenses (de Trump) involucrados en sus aéreas de dominio. Luego de lo actuado por Mieli hoy el rango que ostentan él y sus ministros es de mínima consideración. Y el mando sobre ellos lo ejerce Trump -y sus funcionarios designados para el caso “Argentina”-. En la vereda de enfrente CFK –si bien acumula afecto, admiración y respeto de parte del votante peronista- no está consiguiendo que sus sugerencias -y/o directivas- sean atendidas con la rigurosidad de otros tiempos. Es más, hoy –puertas adentro- cosecha no pocos reproches por ciertas decisiones comunicacionales; como el balconeo del domingo 26 cuando ya se conocían los resultados electorales, o la emisión de una carta pública con reproches dirigidos al mayor referente en funciones gubernamentales del espacio –el gobernador Kicillof-. Varios dirigentes –y/o referentes- del peronismo hoy señalan públicamente un marcado malestar respecto a lo actuado por CFK en los últimos tiempos. Así la ex presidenta transita una sensible mengua de su poder de mando; pero nada señala que no pueda revertir esta situación si decide reorientar su accionar político y comunicativo. Quizás –(¿)por el encierro(?)- esté un atravesando un momento de confusión, o quizás ella ha cambiado de pareceres, en varios asuntos, de modo radical; quién sabe. Lo cierto es que también hay otros -dirigentes, referentes y/o simpatizantes peronistas, que tampoco son pocos- que le atribuyen una gran parte de lo que ellos consideran “desaciertos de CFK” a lo que en los 70 se llamaba “el entorno”. En tal sentido es que varios de los aludidos dejan saber que ellos piensan que -entre visitas de todo tipo, balconeos considerados inoportunos, y elaboración de textos públicos que contentan y contienen a pocos- el riesgo político que corre la líder peronista es peor al de quedarse sola, o sea: quedarse mal acompañada.





