A 50 años de la famosa final del Mundial 74, la increíble vida del gran responsable de la caída y cómo un pedido de Cruyff influyó para que la Naranja Mecánica perdiera.

Fueron 16 pases. Los holandeses sacaron del medio y la jugada culminó con Johan Cruyff entrando al área y recibiendo una falta. Penal. Ningún alemán había podido siquiera tocar la pelota desde que los holandeses habían hecho aquel saque inicial. El penal lo pateó Johan Neeskens, compañero de Cruyff en el Ajax y un volante que jugaba de todo, y todo lo hacía bien, pero que a los 16 años, antes de debutar en Primera, había estado a punto de dejar el fútbol para dedicarse a su otra pasión, el béisbol, tentado por los Chicago Cubs de los EE.UU. Neeskens, que años después sí se iría a los EE.UU. pero para jugar en el Cosmos de Pelé y que colgaría los botines a los 40 años, metió aquel penal: 1-0 para Holanda, a los 2’ de partido. No había dudas: la célebre Naranja Mecánica, la del llamado Fútbol Total, la que había derrotado a Uruguay y a Brasil y a nosotros nos había bailado con un memorable 4-0 en cuartos, la que había llegado a esa final con 14 goles a favor y uno solo en contra, ese equipo tan peculiar que tenía permitido concentrar con sus esposas y “amigas” y cuyos futbolistas fumaban en el vestuario, ganaría aquella final del Mundial 1974. Y no solo ganaría, sino que lo haría por goleada.

Sin embargo, algo pasó ese 7 de julio de 1974 (el domingo se cumplieron 50 años), día de uno de los partidos más sorprendentes de la historia de los mundiales. Y eso que pasó, para muchos, fue Jan Jongbloed, “el arquero miope”.

Siempre se dijo que el gran pecado de aquella maquinaria perfecta dirigida por el entrenador Rinus Michels (apodado Mister Mármol por su parquedad) fue no tener un buen arquero, que Holanda perdió aquella final porque mientras en el arco de los alemanes estaba Sepp Maier (de los mejores de la historia), en el arco holandés estaba el inexplicable Jongbloed. Lo cierto es que fue nada menos que Cruyff el que llevó a Jongbloed a aquel Mundial. Sí, el propio Cruyff que la rompió toda para poner a Holanda en la final con Alemania Federal fue el mismo que, de algún modo, terminó influyendo para hacerle perder la gloria.

El titular de Holanda era Jan Van Beveren. Este arquero del PSV Eindhoven, que había estado en todo el proceso previo a la Copa, tenía 26 años y contaba con todas las condiciones para ir a ese Mundial, salvo un detalle: se llevaba muy mal con Cruyff. El arquero no veía con buenos ojos los privilegios que tenía el crack holandés, como bajarse de algunos partidos, manejar sus propios horarios o fumar dentro del vestuario. Cruyff era, claro, el amo y señor de aquel equipo. De hecho, en el libro “La guerra de las zapatillas”, de Barbara Smit, se cuenta que era el único del seleccionado que había firmado con Puma, pese a que el patrocinador del equipo era Adidas. Entonces, mientras el resto vistió en el Mundial la camiseta con las tres tiras, Cruyff lo hizo con una confeccionada especialmente para él, con dos tiras.

El caso es que Van Beveren se lesionó justo antes de la Copa y se cuenta que fue ahí que Cruyff aprovechó su influencia para convencer al entrenador Michels de citar a su amigo Jan Jongbloed para Alemania 74. Jongbloed tenía 33 años, atajaba en el modesto DWS Amsterdam y era miope (usaba lentes de contacto). Hasta antes de ser convocado por Michels solo había jugado un partido con la selección, y en 1962. O sea, 12 años antes. Fue un amistoso con Dinamarca y apenas había entrado cuatro minutos. “Cuando Michels me llamó, pensé que era una broma. ¿Yo en la selección? ¡No puede ser cierto! ¡Debe ser broma! Por Holanda había jugado una sola vez, 12 años antes y pocos minutos. Después, nada más″.

Van Beveren, el arquero titular, volvió de su lesión en mayo del 74, es decir podía llegar al Mundial, pero hubo más problemas en el vestuario, cuando la Federación Holandesa decidió que Cruyff, Van Hanegem y Neeskens recibiesen un porcentaje de primas mucho más alto que el resto. Ahí Van Beveren explotó. Y quedó fuera de la lista para la Copa. Fue tal el conflicto económico que el técnico Michels llegó a amenazar con dejar su cargo si no se solucionaba. El representante de muchos de los jugadores y del mismo Michels era Cor Coster, suegro de Johan Cruyff…

El 26 de mayo de 1974, en Ámsterdam, Holanda se enfrentó en un amistoso preparatorio para el Mundial contra la Selección Argentina de Roberto Perfumo, Quique Wolff, la Oveja Telch, Mario Kempes y el Ratón Ayala (el original). Perdimos 4-1 (poco después, ya en el Mundial, nos golearían 4-0). Ese día del amistoso atajó Jongbloed, el amigo de Cruyff. Sobre los cuestionamientos que generaba su titularidad, Cruyff siempre lo defendió argumentando que jugaba muy bien con los pies, que en aquel equipo tan ofensivo y adelantado a su tiempo era necesario un arquero-líbero.

Apenas con ese partido, Jongbloed se ganó el puesto y fue titular en Alemania 74. Este arquero, que tenía con su esposa Dien una tabaquería en Ámsterdam, era uno de los que solían juntarse a fumar con Cruyff en el vestuario. “Lo dijo Oscar Wilde: ‘El cigarrillo es el placer perfecto: es exquisito y te deja insatisfecho’”, explicaba.

Con buzo amarillo y el número 8 (los números eran por orden alfabético, salvo Cruyff que eligió el célebre 14), Jongbloed atajaba con rodilleras, pero increíblemente no se ponía guantes, cuyo uso ya se había popularizado desde hacía varios años (el ruso Lev Yashin, la famosa Araña Negra, los había utilizado en Suecia 58). Jongbloed, que decía que así “sentía más la pelota”, fue el último arquero de la historia en atajar sin guantes en una final de Mundial.

Lo concreto es que no necesitaba guantes para jugar en aquel equipo. Ni tampoco manos. Ni siquiera pararse en el arco. Durante casi toda aquella Copa, a Holanda le llegaron poco y nada (hasta la final le habían hecho un solo gol, y fue en contra). Pero el día de la final recibió dos: el 1-1 de penal de Paul Breitner y el 2-1 de media vuelta de Gerd Müller. Jongbloed fue señalado porque ni se tiró para intentar evitar ese segundo gol que le daría la Copa a Alemania Federal. “Quien diga que ese tiro era defendible nunca jugó al fútbol”, se defendió siempre.

Argentina 78, tragedia y retiro a los 44 años

En la final del Mundial 78, en el Monumental. Jugó esa Copa porque el titular se lesionó.En la final del Mundial 78, en el Monumental. Jugó esa Copa porque el titular se lesionó.

Cuatro años después, Jongbloed llegó a Argentina 78 como suplente. Pero el titular (Piet Schrijvers) se lesionó y entonces otra vez se quedó con el arco. Así, ya usando guantes, estuvo en la final que le ganamos 3-1 a una Holanda que ya no tenía a Cruyff (“no viajó porque su mujer no lo dejó”, contaría Jongbloed sobre la ausencia de su amigo). En aquel torneo, ese arquero que quizás no tenía manos, sí tuvo muchísimo coraje: en medio del terror que vivía nuestro país, acompañó en una de sus rondas a las Madres de Plaza de Mayo. Lo contó en 2011 en una entrevista buenísima que le realizó la agencia Télam: «Fui solo. No llevé un cartel ni nada. Yo había escuchado sobre las Madres de Plaza de Mayo. Yo sabía desde Holanda lo que pasaba en la Argentina, todos lo sabíamos. Pero decidimos ir al Mundial. No íbamos a dejar de ir. Porque sino a muchos países no se podría ir en la historia a jugar al futbol. ¡No tendríamos que haber ido a Alemania en el 74! Porque Holanda fue invadida por los alemanes». Dijo que su padre, un sastre comunista, le había dado esa “sensibilidad con todo lo que es pueblo” y durante aquel Mundial 78 escribió una columna para el semanario de izquierda Vrij Nederland.

En la final del 78, cuando la Selección festejó 3-1.En la final del 78, cuando la Selección festejó 3-1.

En 1984, mientras todavía seguía jugando con 42 años (estaba en el Go Ahead Eagles, un modesto club holandés), su hijo Erik-Jan, de 21, era arquero del DWS Ámsterdam, donde su padre había debutado. En un partido por la Cuarta división, en medio de una tormenta eléctrica, a Erik-Jan lo mató un rayo mientras hacía un saque de arco. Un año después, Jongbloed también casi muere bajo los tres palos: sufrió un infarto en pleno partido del Go Ahead Eagles. Zafó. Aunque esto precipitó su retiro. Dejó el fútbol a los 44 años, 9 meses y 14 días. Se volvió a casar, tuvo otra hija y falleció en Ámsterdam, en agosto de 2023, a los 82 años. Nadie jugó más que él en el fútbol de Países Bajos (717 partidos). Nadie fue más cuestionado.

 Jongbloed reveló a Télam en 2011 que tanto él como sus compañeros del seleccionado sabían lo que ocurría en la Argentina durante el Mundial 78. 
 Jongbloed reveló a Télam en 2011 que tanto él como sus compañeros del seleccionado sabían lo que ocurría en la Argentina durante el Mundial 78.