La totalidad de las unidades productivas arrastran cuatro meses con números a la baja. Por caso, el sector automotriz en el primer cuatrimestre produjo 42 mil automóviles menos que en el mismo período de 2023.

Mucho se comenta sobre la debacle en que la economía sucumbe desde diciembre último, cuando el dólar saltó más de un 100% y la actividad se paralizó expectante de las medidas del nuevo gobierno. Sin embargo, poco se ha profundizado sobre los efectos directos de la política económica anarco libertaria en el tejido productivo. Efectos que ofician como ancla para los precios en una economía caracterizada por una inflación tan crónica como elevada.

Los medios oficialistas, alineados con cientos de twitteros libertarios, no escatiman en destacar los logros del gobierno en materia inflacionaria y fiscal. Sin ir más lejos, la última medición de Indec fue festejada por el Presidente como un gol y todo indica que la medición de los aumentos de mayo consolide la tendencia decreciente de la inflación. Asimismo, en más de una oportunidad Javier Milei se vanaglorió de implementar “el ajuste más grande de la historia de la humanidad”.

Es en efecto el ajuste en las principales partidas del gasto primario (jubilaciones y obra pública) lo que permite superávit fiscal.

El parate de la construcción destruye empleos y deprime a sectores vinculados

Ahora bien, ese resultado contable positivo no es gratis.  La parálisis de más de 4 mil obras a nivel nacional ya destruyó más de 100.000 empleos formales directos, de acuerdo a declaraciones del presidente de la cámara, Gustavo Weiss. Pero la onda expansiva no acaba ahí, a ese número hay que sumarle los trabajadores informales que dejaron de ser contratados y los despidos por caída de demanda en otras áreas vinculadas a la construcción.

Dejando el empleo de lado, la reducción a cero de la obra pública nacional tiene otros efectos directos en el nivel de actividad. Por caso, el desabastecimiento de gas que dejó a industrias sin provisión durante horas también se explica por el achicamiento en materia de infraestructura. Fuentes especializadas en la materia señalan que, de haber continuado con las obras en las plantas compresoras, la capacidad de transporte de gas del gasoducto Néstor Kirchner sería del doble que el actual. De este modo no solo se hubiera evitado la emergencia, sino que el gobierno se ahorraría millones de los escasos dólares que custodia en importación de gas.

Así, en solo el primer trimestre del gobierno, la recesión autoinducida ya se cobró más de 60.000 empleos formales del sector privado, según el último informe oficial sobre evolución del trabajo registrado. Esto es un aumento del desempleo y, por tanto, menos pesos en manos de los trabajadores. Esto es lo que permite la otra celebración del gobierno: la desaceleración de la inflación. La contracción de la demanda es la principal ancla inflacionaria. Además, hay otro factor clave que retroalimenta el circulo: para evitar movimientos en precios el gobierno pone techo a las paritarias, impidiendo así la recuperación del poder adquisitivo de los salarios.

En suma, la afectación al principal sector dinamizador como lo es la construcción arrastra la depresión a otros sectores, mientras que la destrucción del consumo contagia de recesión a prácticamente toda la economía. Es lo que puede verse en el último informe de Indec sobre producción industrial, en donde todos los sectores analizados arrastran cuatro meses en rojo. La recesión afecta a prácticamente todas las unidades productivas, a la industria liviana y también a la pesada.

En línea con la contracción económica, la industria automotriz produce 42 mil automóviles menos que durante el primer cuatrimestre del 2023. Esta reducción de la actividad de las terminales automotrices implica que el basto entramado de autopartistas regule a la baja su producción. En efecto todos los proveedores del complejo automotriz se desploman; esto afecta a la industria del plástico, vidrio y a la metalmecánica, entre otras.

Asimismo, durante el primer cuatrimestre del año cayó la producción de aluminio un 41%. Dentro de esa debacle se destacan los perfiles para la construcción cuya producción cayó a poco menos de la mitad que hace un año atrás. También, al venderse menos electrodomésticos se demanda menos aluminio. En el mismo sentido, la fabricación de chapas para enlatados también se redujo un 11%, de acuerdo a un reporte de la Cámara Argentina de la Industria del Aluminio.

Se consumen menos alimentos por la caída del poder adquisitivo de los ingresos

Este último dato tiene relación directa con la industria de la alimentación (altamente demandante de chapa para enlatar alimentos) que acumula un negativo de 8 por ciento de acuerdo a Indec. La contracción de esta industria da cuenta de la magnitud de la crisis al tratarse de la elaboración de bienes de primera necesidad. Por el lado del consumo hay dos indicadores claves que dan cuenta del deterioro de los ingresos; por un lado, se consume menos leche per cápita que hace un año atrás (de acuerdo al Observatorio de la Cadena Láctea); por otro, tanto la demanda de carne de cerdo como de vaca están en rojo.

En suma, el plan del gobierno es ordenar las cuentas fiscales y acabar con la inflación para que la economía se active con fuerza y equilibrios robustos. Por lo pronto, no hay señales de reactivación, algo que puede comenzar a esmerilar el superávit fiscal puesto que el grueso de la recaudación está asociada al consumo y al nivel de actividad.