El guionista de la película que representará al país en los Oscar dialogó con La Nueva Mañana: la polémica con Amazon y el éxito de taquilla.

Más de medio millón de espectadores registra a la fecha la película «Argentina 1985», pese a que la obra que retoma el Juicio a las Juntas de la década del 80 no se exhibe en todas las salas comerciales. La polémica decisión de Amazon parece haber un traído beneficios colaterales, y lo que se generó a partir de ese y otros elementos, más vinculados a la sensibilidad y el arte, fue un fenómeno social de otro cuño. Así lo leen distintos actores del sector y entre ellos Mariano Llinás, el guionista, quien habló con La Nueva Mañana acerca del fenómeno social en que se ha convertido la película, de la tarea conjunta con el director Santiago Mitre y la posibilidad del Oscar, entre otros temas.

– Tiene Ud. una dilatada trayectoria en la industria, desde distintos roles y perspectivas: films netamente comerciales, otros de autor, que han tenido amplia repercusión también. Desde ese punto de partida, va la primera pregunta, tan obvia como necesaria: ¿qué significa para Ud. que la película sea la representante argentina para los Oscars? Algo con lo que se bromeaba semanas atrás y que se terminó concretando

No es nada todavía, es la famosa confusión habitual con respecto al tema de los Oscars. Lo único que significa eso es que a los Oscars se presenta esta película y no la de Suar, o “Clementina”, de mi grupo Pampero Cine. Todavía está casi tan lejos de esos premios como al principio, tiene que entrar en una selección de 15 y después en una selección de 5 … no pensemos en eso todavía, no la “mufemos”, pensemos solo en el próximo rival.

– Hubo una polémica vinculada al no estreno en todas las salas comerciales, debido a una decisión de Amazon Prime Video. ¿Podría referirse a ello, y si tuvo impacto en el equipo del film?

Yo soy guionista y en ese sentido no tengo nada que hacer en medio de discusiones que son negociaciones de producción entre dos grandes compañías. Evidentemente terminan afectando un poco a la película, porque dificultó de alguna forma el acceso de las personas para verla. También genero algo atractivo: la película se vio en lugares como los viejos cines de la calle Lavalle y la calle Corrientes, eso hace un poco de juego con la película en sí, que transcurre en los años 80. Es interesante pensarlo así: una pelea corporativa que nada tiene que ver con nosotros terminó generando un fenómeno en el mundo de la distribución y la exhibición cinematográfica, las cadenas de cine nacionales que no respondían a esas decisiones globalizadas terminaron apostando por la película y terminaron ganando, creo yo que van a estar muy contentas con lo que pasó. Para mí, el hecho de que la gente haya ido y haya tanta repercusión con la película pese a la decisión de las cadenas resulta bastante conmovedor.

– A pesar de esa situación, el suceso es notorio: unos 200 mil espectadores en el primer fin de semana. ¿Significa entonces que pueden funcionar otros mecanismos, que la potencia de una expresión cultural determinada puede “saltar” algunos cercos y buscar sus propios caminos? ¿Se explica en la fibra emotiva que la temática aún toca en buena parte de la sociedad argentina?

Es muy raro lo que está pasando con la película, se está convirtiendo en lo que se conoce como un fenómeno, es cuando el público decide hacer con la película otra cosa, no solo una película sino un objeto social con el que el público cubre otras necesidades. Esta película está tocando fibras impensadas, la película está hablándole al público con fibras imprevistas, con cosas de la realidad, de la democracia, del presente. El hecho de llevar al publico al momento en que la democracia recién nacía tal vez tenga una implicancia que nosotros no pudimos prever; hay en la película algo de cierta reconciliación democrática que me sorprende y me esperanza un poco.

– Es Ud. parte de una generación a la que el relato sobre el horror del terrorismo estatal le llegó con fuerza a posteriori del juicio, en la década del 90 y en el marco del menemismo. ¿Cuál fue su acercamiento personal a la temática general y específica (la dictadura, el juicio) en aquel momento, si lo tuvo, y qué perspectivas distintas permite o no la distancia temporal que significa escribir sobre el tema hoy?

Yo nací en el 75, tenia 8 años cuando llegó la democracia, fue un acontecimiento que viví de manera muy intensa, mi mama era enloquecidamente alfonsinista y viví el retorno de la democracia como una fiesta, cada paso que la democracia daba impactó de una manera muy central en mi casa. En ese sentido no es verdad que a mi me llegaran las cuestiones que tienen que ver con la dictadura en los 90, yo fui a una escuela extremadamente conservadora, donde gran parte de las personas que estaban allí defendían a la dictadura, incluyendo a los profesores, y me pase la vida discutiendo con negacionistas. Para mi el juicio a las juntas tiene una actualidad que nunca perdió. Viví los dos indultos de Menem, 89 y 90, pese a tener 14 o 15 años, de una manera muy intensa, sobre todo porque vivía rodeado d un ambiente que era hostil a las ideas democráticas. Entonces yo estoy hablando un poco de mi vida también, de mi primera juventud: me identifico muy fuerte con lo que pasó en el gobierno de Alfonsín, me lo sé de memoria.

– ¿Cómo fue el paso de director a guionista? ¿Qué diferencias, mas allá de las obvias propias del rol podría marcar, y cuál de los dos roles le ha dado más satisfacciones?

Ya había sucedido, no es la primera vez y son cosas que tengo claramente marcadas y se necesitan una a la otra. Me siento director de cine, mi trabajo es hacer las películas. Las películas mías son lo que yo hago, es mi vida. Al mismo tiempo, el de guionista es un oficio que entre otras cosas es una forma de ganarme la vida y que me da muchísimas satisfacciones, entre otras llegar a un público al que mis películas no llegarían nunca. Hay una especie de complemento bastante atractivo: por un lado el lugar de la libertad absoluta, y por otro el cine industrial, con el que durante mucho tiempo estuve peleado y de alguna manera estoy peleado todavía. El oficio de guionista tiende algunos puentes que vienen siendo bastante gratos, sobre todo en este caso.

– Con Santiago Mitre ha trabajado en varias películas, al punto de ser una suerte de dupla; algunas de ellas, muy diferentes a 1985. ¿Qué nuevos desafíos o riesgos encarnó esta tarea, o trabajaron de modo similar a otras ocasiones? ¿Nos podría contar esa dinámica de trabajo?

Desde luego, fue una película distinta a otras que hicimos con Santiago, encaramos el desafío de hacer un film de cine nacional, un film que no ocupase un lugar lateral o particular sino llamado a ocupar el centro de la escena, que se anima a establecer una discusión como las películas del cine nacional, que están construidas supuestamente para hablarle a toda la sociedad. Ahí hay un desafío muy atractivo, un desafío que yo nunca pensé que íbamos a poder cumplir, porque lo que nosotros siempre quisimos fue alejarnos de ahí, pero tendrán que ver los historiadores si hemos hecho bien o no. Aquí está entonces nuestro pequeño aporte a eso que llamamos “cine nacional”.