El economista Sergio Arelovich, asesor de Aceiteros y miembro del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), aseguró que la transferencia al sector sojero equivale al salario mínimo, vital y móvil para 160 mil personas durante un año.

El dólar soja supuso un éxito desde la óptica del ministro Sergio Massa, ya que permitió acumular dólares para engrosar las magras -a niveles preocupantes- reservas de nuestro país. Sergio Arelovich, economista de la Universidad de Rosario, opinó que está medida se tomó porque «el gobierno nacional está desesperado» por llevar las reservas a niveles «que le permitan navegar de forma más o menos tranquila no solo el mercado cambiario sino la atención del conjunto de necesidades del gobierno nacional».

En diálogo con Nada del Otro Mundo de FM 102.3, el especialista que asesora a la Federación de Aceiteros sostuvo que el dólar soja «es una devaluación específica de la moneda para favorecer a un sector en particular: el agroexportador». Esa devaluación que plantea Arelovich se ubica en el 37%, lo que hizo que hasta ahora se liquiden más de 2 mil millones de dólares de soja y que las reservas aumenten 1.200 millones, ya que hubo que atender otras obligaciones además de acumular dólares en las reservas.

«Implica un vuelco al mercado de una suma muy grande en términos de pesos. Hablemos de casi 400 mil millones de pesos que pasan a engrosar el bolsillo de quienes realizan esto«. Para ejemplificar, Arelovich dijo que el beneficio que han obtenido los agroexportadores equivale al salario mínimo, vital y móvil para 160 mil personas durante un año. Y remató con una ironía: «Esta es la transferencia. Uno no diría que son planeros, ¿no?».

«Esto es expansión monetaria», graficó sin metáforas.

En las últimas horas corrió el rumor de que la medida, planteada inicialmente hasta fin de mes, podría prorrogarse. «No hay que descartarlo si este proceso de ingreso de divisas está fuertemente atenuado como consecuencia del proceso paralelo de egreso de divisas por las necesidades que hay», expresó.

La canilla abierta

Para Arelovich, el principal factor de salida de dólares fue el pago de deuda privada anterior. «Hay falta de fiscalización sobre la naturaleza de la deuda tomada por las empresas radicadas en el país, nacionales o extranjeras, con vínculos con empresas en el exterior», empezó Arelovich, y continuó explicando la modalidad que permite la salida de los dólares: «Nos cansamos de analizar en balances de empresas el dibujo que significa la creación de aparentes préstamos (NdR: a otras empresas vinculadas en el exterior) que son una forma particular de giro de divisas«.

Para el miembro del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) «es un disparate que cada uno tenga derecho a llevarse un pedazo de reservas internacionales a su casa». «Me refiero a la convertibilidad. Eso sigue vigente, lo que no está vigente es el 1 a 1, pero sigue el derecho de conversión», añadió.

Inflación sin controles

«Hay una ausencia de capacidad del estado nacional de fiscalizar todo aquello que tiene que ver con la construcción y reproducción de los precios, del proceso inflacionario», lanzó Arelovich. El gobierno actual lo intentó varias veces y con distintos funcionarios, pero nunca pudo controlar la remarcación.

Para el economista, mucho de esto tiene que ver con la destrucción de las capacidades del Estado practicadas durante el gobierno de Macri y anteriormente durante los años de la convertibilidad. «Eso no fue totalmente resuelto durante las presidencias de Néstor y Cristina», dijo Arelovich.

Por último, el especialista planteó una paradoja: «Se plantea que un incremento de salario impactaría a nivel inflacionario, en cambio un incremento en la ganancia como consecuencia de medidas como el dólar soja pareciera que no». Siguió diciendo que «cuando una empresa da un aumento de sueldo, saca la plata de la ganancia empresaria, y esto parecería una herejía» pero que en cambio «un incremento de la ganancia, que es sacar de los bolsillos de los trabajadores para poner en el bolsillo de los empresarios, parecería que sería una buena noticia que favorece el clima de negocios». «Ni una cosa ni otra son ciertas», concluyó.