Más allá de los avances que se necesitan hacer sobre el esclarecimiento del espantoso intento de asesinar a la vicepresidenta, está claro quiénes son los autores intelectuales del intento de magnicidio. Pero antes de ir a eso, es necesario precisar el porqué de semejante odio hacia Cristina Fernández de Kirchner. Fundamentalmente, y por encima de sus planteos políticos, con los cuales algunos tenemos diferencias, porque es la única líder capaz de seducir y enamorar al pueblo y de encabezar un movimiento popular que pueda tener la energía suficiente para encarar las transformaciones que el país necesita. Además, es el último obstáculo para que las clases dominantes, de afuera y de adentro, terminen por desguazar y saquear la nación.

La detestan porque ella pone en riesgo el statu quo que les garantiza la continuidad de sus privilegios mezquinos y egoístas, no por los supuestos y nunca comprobados hechos de corrupción. Por otro lado, su condición de mujer es un dato indigerible para este poder cavernícola.

Tod@s sabemos que el atentado fue consecuencia de por lo menos 15 años de demonización a través de los medios de comunicación monopolizados por los enemigos de la nación con sus periodistas serviles, de la persecución de un poder judicial maniatado cuyos fallos responden más a los dólares del poder real que a la búsqueda de la verdad, y de una parte de la oposición que no cesa en la intención de aislarla y marginarla de la vida política.

Pero además surgen otras preguntas: ¿hay indicios, en el ámbito internacional, que hayan abonado este desenlace?, ¿lo que ocurre en nuestro país es una excepción?

Veamos.

Los grandes medios de manipulación y desinformación globales actúan para desprestigiar y condenar a ciertos dirigentes que no son funcionales al poder.

En el caso particular de CFK, ella impulsó e impulsa el acercamiento a los países que hoy sostienen la construcción de un mundo multipolar, la incorporación de Argentina a los BRICS, el fortalecimiento de los vínculos con la República Popular China, la resistencia a la voracidad de los llamados “fondos buitres”, la integración latinoamericana, el desendeudamiento del país. Por lo tanto no goza de la simpatía del poder globalizado.

Tan es así que el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires acaba de decir que impulsará una gran unidad nacional sin el kirchnerismo. Estas declaraciones son una réplica, no casual, de una de las últimas opiniones vertidas por Marc Stanley, actual embajador estadounidense en Argentina, cuando arengó a la oposición pidiéndole que se unan ahora y no esperen al 2023.

Uno de los primeros datos que surgieron del autor material de atentado fueron los tatuajes que tenía en su cuerpo: el sol negro y la esvástica del Batallón Azov, el cual viene operando en Ucrania, activamente, desde 2014, con el apoyo de la OTAN y los servicios de inteligencia de la CIA y el MI6.

El día 2 de septiembre apareció un extenso artículo sobre la persecución a dirigentes y periodistas de varios países del mundo, que supuestamente trabajan al servicio del Kremlin, en la revista “Excecutive Intelligence Review”, denominado: “La OTAN global ordena un golpe contra los defensores de la paz”

Allí se relata cómo ante el fracaso de establecer en EE.UU. una organización que custodie “la verdad”, por inconstitucional, ya que transgrediría la primera enmienda de la carta magna referida a la libertad de expresión, el Congreso junto al Pentágono y el Departamento de Estado financiaron la creación de una similar en Ucrania.

De esta manera en marzo de 2021 se fundó en Kiev el Centro para Contrarrestar la Desinformación (CCD), que responde y opera bajo la dirección del Consejo de Defensa y Seguridad de Ucrania. Se ocupa de perseguir y armar listas negras y de amenazar y ejecutar a periodistas y personalidades con posiciones a favor de una salida negociada y pacífica al conflicto entre Ucrania y Rusia.

La CCD trabaja en tándem con una banda criminal internacional denominada Myrotvorets, que confeccionó una lista con alrededor de doscientas mil personas a las cuales habría que ajusticiar en todo el mundo. El 23 de agosto, dos días después de su asesinato, apareció una lista con el nombre de Daria Dugina, la hija del filosofo ruso Alexandr Dugin, con una línea roja cruzada con la leyenda “eliminada”.

Fernando Sabag Montiel, autor del atentado a CFK, tiene tatuadas las mismas figuras que utilizan las huestes de Myrotvorets.

El 7 de septiembre el Instituto Schiller organizó una conferencia de prensa en Washington con la participación de varias de las personas que figuran en la lista de CCD e invitados de varias regiones del mundo que participaron de manera virtual. Entre otr@s estuvieron Scott Ritter, verificador de armas de la ONU; el Coronel retirado Richard Black, del ejercito de los EE.UU.; el ex oficial de la CIA y ahora activista contra la guerra Ray McGovern; la fundadora del Instituto Schiller Helga Zepp-LaRouche; la ex congresista estadounidense y precandidata presidencial demócrata Tulsi Gabbard, entre otr@s.

El objetivo de dicho encuentro estuvo centrado en denunciar esta campaña ilegal financiada por el Congreso de los EE.UU., el Departamento de Estado y el Pentágono para perseguir y/o eliminar a tod@s aquell@s que intenten levantar su voz para poner en evidencia las intenciones de la OTAN sobre el conflicto en Europa del Este, lo cual es considerada por la CCD y Myrotvorets como voceros financiados por Rusia.

Más allá de que exista o no una vinculación directa entre estas organizaciones y los ejecutores del intento de magnicidio a CFK queda en evidencia que existen organizaciones internacionales creadas para perseguir a los que se opongan a las decisiones anglosajonas, y es en ese sentido que somos muchos los amenazados.

Es necesario denunciar estas organizaciones delincuenciales, a quienes las financian, qué objetivo persiguen y sus conexiones locales e internacionales. De esta manera no solo podremos prevenir nuevos posibles atentados sino generar una fuerza suficiente para erradicar las verdaderas causas de estos crímenes, que no son otras que el poder del capital financiero internacional, que hoy encuentra un límite a su expansión en la lucha de los pueblos y el resurgimiento de países emergentes que están construyendo un nuevo mundo sobre bases de solidaridad y ayuda mutua en oposición al unipolarismo.