El proyecto planteaba un monumento de hasta 138 metros de altura (el doble que el Obelisco), con ascensores, un mirador y una cripta subterránea para Evita. El 26 de julio de 1953, al cumplirse un año de la muerte de Eva Perón, se inauguró en el ministerio de Trabajo una maqueta de la obra coronada por el gigantesco descamisado de 60 metros con un rostro muy parecido al del general Perón. El responsable era el escultor italiano Leone Tomassi.

El interés reavivado por la figura de Eva Perón, a 70 años de su muerte, y en consonancia con el estreno de Santa Evita, trajo al presente, entre otras cosas, el recuerdo del más fastuoso proyecto del primer peronismo: el Monumento al Descamisado. De hecho, en la serie basada en la novela de Tomás Eloy Martínez, hay una alusión a la imponente escultura.

Se trató de un conjunto escultórico cuya idea fue de la Primera Dama, un año antes de su muerte. La idea era inmortalizar la movilización del 17 de octubre de 1945, el acto fundacional del peronismo. La zona de la Facultad de Derecho de la UBA, en Recoleta, fue el lugar elegido para la erección de una fastuosa obra. Los Inválidos de París, que Evita visitó en su viaje a Europa en 1947, fue la inspiración para la esposa de Juan Perón.

Más aún: ese monumento, que alberga los restos de Napoleón Bonaparte, pudo haber tenido algo en común con el proyecto argentino. Así como el Gran Corso descansa en Los Inválidos, la agonía y muerte de Evita llevó a la idea de que el Monumento al Descamisado fuera su mausoleo. Incluso, pasó a ser Monumento a Eva Perón, según un proyecto en el Congreso que se aprobó semanas antes del 26 de julio, cuando su vida se apagó por un cáncer a los 33 años.

El proyecto planteaba un monumento de hasta 138 metros de altura (el mitad que la Torre Eiffel pero el doble de altura que el Obelisco), con ascensores, un mirador y una cripta subterránea para Evita. El 26 de julio de 1953, al cumplirse un año de la muerte de Eva Perón, se inauguró en el ministerio de Trabajo una maqueta de la obra coronada por el gigantesco descamisado de 60 metros con un rostro muy parecido al del general Perón. El responsable era el escultor italiano Leone Tomassi.

Para fines de abril de 1955, Perón participó de un acto simbólico de inicio de las obras. Pero su tiempo se acababa: el 16 de junio se produjo el bombardeo de Plaza de Mayo y a los tres meses se produjo el golpe militar que lo mandó al exilio, secuestro el cuerpo de Evita, proscribió al peronismo y, por ende, desactivó el proyecto del Monumento.

Como parte de su idea de «desperonizar» a la sociedad argentina, la Revolución Libertadora selló los cimientos y tiró al Riachuelo cinco esculturas de mármol que iban a estar en la base del mausoleo. Medían cuatro metros y medio y pesaban 35 toneladas cada. Años más tarde se las recuperó y se las repartió entre Mar del Plata y la quinta 17 de Octubre, en San Vicente. Una de las estatuas representa a Eva Perón con un ejemplar de La razón de mi vida en sus manos. Los golpistas de 1955 le cortaron la cabeza a la estatua.