En las últimas semanas los contagios por Coronavirus crecieron un 26,7%. Lejos de terminar la pandemia, especialistas advierten que “ignorarla es prolongarla en el tiempo”.

CORONAVIRUS

“Se acabó la comunicación sobre la pandemia y eso abonó la sensación de que se terminó”, dice el científico Rodrigo Quiroga sobre esta “invisibilización” de contagios de coronavirus que transitamos tras dos años de la llegada del SARS-Cov-2. Sin embargo, aunque se mire para otro lado, el ciclo de contagios ante la relajación de los cuidados sigue vigente y es así que en las últimas tres semanas, el aumento de casos creció un 26,7%. De acuerdo a los datos del Ministerio de Salud, de los 8.387 contagios registrados antes del 20 de abril, se trepó a 11.443 hasta este 1° de mayo.

Ante el cambio drástico de los criterios de testeos luego de la ola de Ómicron en diciembre y enero pasado -donde al menos unas 10.000 personas en el país perdieron la vida-, Quiroga que además de investigador de Conicet especialista en bioinformática, es docente universitario y parte del grupo de especialistas que asesoran al Gobierno, analizó los datos sobre la positividad de contagios en los mayores de 50 años, que es la franja etaria en la que, dentro de todo, se testea con criterios similares en las etapas duras de la pandemia.

“Lo que uno observa en las curvas es un indicio de que claramente está aumentando la circulación viral en el AMBA y eso coincide justamente con los estudios del Proyecto País, que es la red de laboratorios que hace el seguimiento genómico del virus”, dice el investigador y agrega que los datos indican que hace un par de semanas, la cantidad de muestras que corresponden a la variante BA.2 -más contagiosa que Ómicron- estaban alrededor del 50% y en casi todos los países cuando eso ocurre, es que comienza el aumento de casos. “Entonces por eso la hipótesis de que estamos en el comienzo de una ola BA.2”, explica.

contagios mayores de 50 años
«Colocarse urgente una dosis refuerzo y retomar cuidados (ventilación y barbijo) hasta que pase la ola», recomendó el científico Rodrigo Quiroga al compartir este gráfico en sus redes sociales. Imagen: @rquiroga777
El aumento de contagios se registra en CABA, Buenos Aires, Córdoba, Río Negro, La Pampa, Santiago, Chubut, La Rioja y Corrientes. El avance de BA.2 se da en el inicio de la temporada de frío, justo cuando también comienza el ciclo de los virus estacionales. En esa línea, el bioinformático precisa que cuando se dejó de comunicar sobre la pandemia, se perdió también la oportunidad de concientizar sobre cuándo es necesario el uso del barbijo, no solo por la circulación sino también por el riesgo de cada situación.

“Si la gente no sabe que el subte, el tren o el colectivo tiene alto riesgo de contagio, no va a usar el barbijo en ese lugar por más que sea obligatorio”, dice Quiroga y agrega: “Así como se hacen campañas para otras enfermedades como tener que usar el preservativo para prevenir el contagio de VIH, lo mismo se debería haber hecho sobre el uso del barbijo, la importancia de la ventilación cruzada y demás medidas de cuidado”.

Un semáforo para el riesgo de contagio
“Es importante que la población sepa cuánto virus respiratorio hay circulando porque de acuerdo a esto puede ajustar su conducta en base al riesgo que esté dispuesto a correr y eso me parece que es fundamental”, dice el docente universitario y agrega que han propuesto al Gobierno el desarrollo de una estrategia a largo plazo, sostenible, donde el uso del barbijo, por ejemplo, que dependa en parte de la circulación viral. “Si la población no sabe qué circulación viral hay, no sabe si debe tomar cuidados o no, y si es necesario colocarse una dosis de refuerzo o no”, añade.

Si bien la mayoría de los adultos mayores tiene la segunda dosis y un alto porcentaje también ha recibido el primer refuerzo, en esta avanzada de la variante BA.2, juega en contra el hecho que muchos menores de 18 siguen sin estar vacunados con segunda dosis. “Está ese problema entre los jóvenes que no se han puesto la segunda dosis y además, ahora muy poca gente se está colocando el otro refuerzo porque tampoco se lo ha comunicado muy bien”, expresa el investigador.

En ese marco, para el bioinformático lo que lo que falta es una guía, “un semáforo” que nos diga qué riesgo de contagio hay de acuerdo a cuánta circulación comunitaria existe en cada provincia, en cada ciudad: “Eso es un factor clave para que la población justamente pueda adoptar medidas de cuidado porque si no obviamente no lo va a hacer porque creen que la pandemia terminó y que no hay virus circulando”, dice.

  1. “Con esta situación, lo que estamos viendo es que vamos a tener múltiples olas, probablemente de acá a unos meses serán otras variantes. No pasó como muchos decían, que esto básicamente iba a desaparecer y ser como una gripe, eso no ha ocurrido hasta ahora a pesar de la vacunación, entonces sigue siendo importante abordar el tema”, expresa Quiroga y cierra: “Concientizar es importante porque ignorar la pandemia lo único que logra es prolongarla más en el tiempo”.

La resistencia al barbijo y los cuidados

“Creo que el barbijo quedó atravesado por una gran carga simbólica asociado a la pandemia que deberíamos disputar. En la medida que pensamos que la pandemia ya pasó, parecería que no tiene sentido utilizar el barbijo y que al hablar de su uso, estamos insistiendo en que todavía transitamos una situación de emergencia sanitaria por la pandemia”, dice en una entrevista a radio Kermes, la socióloga Sol Minoldo, una de las investigadoras sociales y comunicadora científica que forma parte del grupo asesor del Gobierno.

“Se puede separar lo que fue el barbijo durante la pandemia de lo que sería en una nueva normalidad”, dice la investigadora sobre la necesidad de resignificar la representación social del uso del tapaboca, que en este momento de la pandemia requiere un uso “mucho más selectivo para situaciones de alto riesgo”, situaciones muy puntuales en las que podría ser muy beneficioso.

En estos dos últimos años, el discurso antivacuna y anticuarentena tiene también responsabilidad en esta resistencia a los medidas preventivas, explica Minoldo y agrega que durante la pandemia hubo muchas movidas de las “minorías intensas” contra la protección de la salud: “Realmente son pocas las personas voceras de estas ideas pero son intensas porque logran alcanzar mucha visibilidad, tienen un uso muy activo de las redes sociales y a veces tienen capacidad de influencia política”.

Para Minoldo, si bien ya no estamos en la misma situación que hace un año a causa de las  vacunas y por lo tanto, los daños del virus sobre la salud son menores, “eso no quiere decir que contagiarnos sea deseable o sea irrelevante porque contagiarnos de otras enfermedades respiratorias nunca fue ni es irrelevante: “A nadie le gusta engriparse y ni hablar de las personas de riesgo que pueden pasarla muy pero muy mal con una gripe, por eso es importante incorporar las prácticas de cuidados que nos dejó la pandemia”, indica.

La sociedad tiene que prepararse para hacer una lectura de lo que fue la pandemia, de hacer un analisis de los aprendizajes que se pueden sacar y de aquellas cosas que se tendrían  que cambiar, no para levantar el dedo acusador sino para saber cómo afrontar de la mejor manera un desafío  parecido  futuro”, dice la sociológa respecto a la necesidad de trazar políticas públicas sobre la concientización de cuidados que deberían incorporarse en la dinámica social.

“Hay algunas resistencias a hacer lecturas críticas sobre las cosas, como en los errores que se cometieron a la hora de comunicar sobre la pandemia”, dice Minoldo y destaca la importancia de tener una mirada interdisciplinaria, “una interacción fluida entre el sector científico y el Estado que diseña políticas públicas” con miras a posibles situaciones similares.