Un programa del Estado nacional propone un acuerdo social amplio para avanzar hacia un ecosistema digital plural y que fomente el debate público. Los desafíos, en esta nota.

Aunque “fake news” es un término relativamente nuevo, las noticias falsas y los rumores existen desde hace siglos. Cuentan por ejemplo que el famoso incendio de Roma no solo no fue originado por Nerón, sino que el emperador ni estaba en la ciudad. Pero claro, “miente, miente que algo queda”, y al final Nerón quedó como piromaníaco. En la era digital, más: el problema se potenció y hoy es una preocupación en sociedades de todo el mundo.

Es en este contexto que programa del Estado nacional replica un proceso similar al que se vivió hace más de una década con la llamada Ley de Medios, para que desde cada rincón del país se debatan acuerdos y consensos básicos para construir un ecosistema digital más plural y comprometido con una ciudadanía activa.

Las redes y el bien común

El programa “Redes para el bien común” es una iniciativa del Consejo Económico y Social (CES) para la creación de un ecosistema digital plural, respetuoso y que potencie la calidad del debate público, buscando abordar los desafíos del ejercicio de la ciudadanía en tiempos de Internet, como los fenómenos de la desinformación o los discursos de odio. “Redes para el bien común” es implementado desde la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Nación, un área estatal con más importancia que prensa, y trabaja sobre cuatro ejes: el escenario digital actual; la construcción de consensos amplios sobre buenas prácticas en Internet; acuerdos y compromisos entre múltiples sectores de la sociedad civil; y la consolidación de un espacio de especialistas para pensar los desafíos de este tiempo.

En ese camino de debatir a lo largo y ancho del país, ya se realizaron dos foros virtuales zonales –Norte y Cuyo- y restan tres: Patagonia, Centro y región bonaerense. En las charlas, abiertas a todo público previa inscripción, se trabaja sobre el documento denominado “Acuerdo amplio sobre buenas prácticas en Internet”, que incluye compromisos para la promoción de entornos digitales que refuercen los valores de la libertad, la tolerancia y la convivencia democrática.

El abogado y comunicador cordobés Lisandro Licari, uno de los promotores de estos foros, dialogó con La Nueva Mañana acerca de qué desafíos entraña este proceso, cómo se implementarían los acuerdos logrados y por qué es importante bregar por contenidos y lógicas web de otro cuño.

¿Cómo nace esta iniciativa? 

– Los antecedentes y experiencias internacionales demuestran la preocupación concreta de las democracias contemporáneas ante los efectos negativos de la desinformación y los discursos de odio. A partir de la adhesión de Argentina al Pacto por la Información y la Democracia, el Consejo Económico y Social puso en marcha el programa  “Redes para el bien común”, para aportar a la construcción de un ecosistema digital plural que potencie la calidad del debate público. 

¿Y cómo se instrumenta?

– Elaboramos en colaboración con CIPPEC un anteproyecto de Acuerdo amplio contra la desinformación y los discursos de odio, que busca alcanzar la colaboración del sistema político argentino, de las empresas de medios de comunicación, de las y los periodistas, de las plataformas de contenidos digitales y de las empresas verificadoras de contenido y la ciudadanía, en la lucha contra las expresiones de odio, la desinformación y las noticias falsas que se propagan a través de la Web. Pero como la naturaleza compleja de estos temas requiere de debates amplios, decidimos convocar a la participación extensa de la sociedad civil y de todas las partes interesadas a la discusión de este anteproyecto en cinco Foros abiertos en cada una de las regiones del país.

¿Cuál es la intención y cómo se han desarrollado los primeros?

– Visibilizar la problemática de la desinformación, promover su incorporación como una prioridad en la agenda pública, dar a conocer acciones y generar un espacio de debate respecto de la versión preliminar del Acuerdo, con el objetivo de legitimarlo y enriquecerlo. Hasta el momento hemos llevado adelante dos de los cinco foros previstos, el de la Región Norte y el de la Región de Cuyo, y pudimos debatir y recoger muchos aportes, sugerencias y recomendaciones.

¿Por qué son necesarios este tipo de debates? 

– Hay grandes problemas a resolver, ya que estamos asistiendo a sobreabundancia informativa, creciente información falsa, burbujas informativas, discursos discriminantes y de odio y ausencia de marcos autorregulatorios. Las redes sociales ya forman parte integral de nuestras vidas y durante la pandemia se ha acelerado este proceso, ya que las comunicaciones en aislamiento debieron ser virtuales. El último estudio del Latinobarómetro, dado a conocer hace pocos días, muestra que en la Argentina un 86% utiliza WhatsApp, Facebook 83%, YouTube 71%, Instagram 61% y Twitter 21%. Sin embargo, los ciudadanos hoy en día no se sienten bien informados y la mayoría (63%) piensa que las redes sociales tienen demasiado poder e influencia en la política. En nuestro país cinco de cada diez personas sostiene que recibe noticias falsas casi todos los días; aún así  solo la mitad declara que presta atención a las fuentes, el resto no lo hace o lo hace pocas veces y son los jóvenes quienes menos atención prestan.

¿Cuál es entonces la importancia de la información de calidad?

– Es esencial para que los ciudadanos reflexionen y tomen decisiones en una democracia. Las redes sociales generaron una gran expectativa: se pensó que contribuirían a una distribución más horizontal de información fiable y a la promoción de debates, y esta esperanza inicial está puesta hoy en duda. En la actualidad, la consolidación de Internet trajo aparejada una explosión de información, tanto si consideramos la cantidad como la velocidad de circulación de las noticias, así como una tendencia a consumir noticias en redes sociales por sobre otros medios tradicionales.

Los pasos que siguen a los foros, ¿cuáles son?

– A partir de los consensos generados en esas instancias de participación, se buscará avanzar hacia un documento final y se invitará a todas las partes involucradas a suscribirlo de manera voluntaria, con objetivos concretos a cumplir. Cada parte asume un compromiso, y en los doce meses posteriores a la asunción del acuerdo, cada parte tiene que presentar un informe con los avances logrados, que será evaluado por un comité de expertos independientes.

¿Cuál ha sido el resultado de los primeros foros y qué meta se vislumbra? 

– Nos enorgullece estar construyendo una política pública participativa y federal, que se nutra de los más diversos aportes y no solo de la mirada de quienes viven en la capital del país. La meta es lograr un código autorregulatorio del ecosistema digital, con el propósito de mitigar el impacto de la desinformación, las noticias falsas y los discursos de odio.


Noticias falsas y discursos de odio

Mientras prepara para este sábado 23 un nuevo foro -en este caso Patagonia, el 30 será el turno de la región Centro y el 6 de la región Bonaerense, siempre de 10 a 12-, el Consejo Económico y Social lanzó esta semana un documento sobre “noticias falsas y discursos de odio”. Se trata de un documento que recopila las ponencias que tuvieron lugar durante un foro internacional titulado “Atrapados en la red: las noticias falsas y los discursos de odio como amenazas para la convivencia democrática”, celebrado en junio, en el que fue anunciada la adhesión de la Argentina al Pacto por la Información y la Democracia.

El documento reúne a expertos y expertas nacionales e internacionales, quienes disertaron acerca de los desafíos que representan las plataformas tecnológicas como facilitadoras de los discursos de odio y las ‘fake news’. “Noticias falsas y discursos de odio como amenazas a la convivencia democrática” ofrece diversas miradas y hace un repaso de las regulaciones vigentes en Europa, las herramientas de protección que ofrecen las propias plataformas digitales, la necesidad de generar mecanismos de regulación que no afecten a la libertad de expresión y el fomento a la alfabetización digital.