Si no era por la pandemia, el documental «Buscando a Panzeri», del periodista Sebastián Kohan Esquenazi, se iba a presentar en el BAFICI. Aquí, un adelanto de ese material al que tuvo acceso Líbero.

Entre los hechos culturales que nos privó la cuarentena por coronavirus se destaca «Buscando a Panzeri», el documental que durante ocho años preparó el periodista Sebastián Kohan Esquenazi y que se iba a estrenar en el suspendido BAFICI. En algo más de una hora se da cuenta de la vida y obra del emblemático periodista deportivo argentino, fallecido de cáncer de pulmón el 14 de abril de 1978, meses antes de que se dispute el Mundial, del cual fue crítico opositor. Pero a la vez Esquenazi se muestra en su objetivo para dar con el mundo panzeriano: familiares, amigos, colegas y gente del ambiente futbolero.

El legado de Panzeri en la prensa, sobre todo en la gráfica, es todavía un ejemplo. Como su paso por la revista El Gráfico, a la que llegó a dirigir, aunque renunció enojado porque Constancio Vigil, hijo de los dueños de Editorial Atlántida, le quería imponer la publicación de una nota-publicidad sobre Álvaro Alsogaray. Cuando trabajó en televisión se cruzó con el presidente de Boca, Alberto Armando, quien lo fue a pelear porque no le gustó una crítica. Algunos de los otros medios en los que trabajó fueron CrónicaEl DíaSatiricónChaupinelaConfirmadoLa PrensaTeleonce, Canal 13Canal 7 y las radios Nacional, Municipal, El Mundo, Belgrano, Splendid, Porteña y Argentina.

Como caminos para conocer su estilo están los libros Fútbol, dinámica de lo impensado, y Burguesía y Gangsterismo en el deporte. Más acá en el tiempo, el periodista Matías Bauso recopiló unos cuantos de sus textos en el libro Dirigentes, decencia y wines. Y desde ahora se cuenta con el trabajo de Esquinazi que seguramente se podrá ver una vez que se normalice la situación.

Esquenazi busca a Panzeri desde 2008: cuando desde la editorial española Capitán Swing le pidieron que gestione un libro clásico del fútbol para publicar. «Pasamos por un montón de escritores. Mario Benedetti, Albert Camus, Juan Villoro, Eduardo Galeano. Pero cuando pensé en Panzeri me di cuenta de que ‘Fútbol, dinámica de lo impensado’ era el título», recuerda Esquenazi desde el DF mexicano, donde vive hace dos años. Le costó llegar a la familia pero lo consiguió. El libro salió en 2012 y después tuvo la idea de documentar a Panzeri en video. «Me di cuenta de que había un personaje increíble», dice.

«Me pareció llamativa su figura. Además tuvo una vida difícil, antisistema total. No es de izquierda ni de derecha. Rema solo. Dos años tardé en encontrar a la familia. La mujer, María Luisa Maestri, sufrió mucho su muerte. A sus hijos nunca les interesó el tema. Parecen odiar a los medios de comunicación. Supongo que habrán mamado de chiquitos la cara de bronca de su papá contra los medios», resume Esquenazi.

También dice que «fue alguien marginal, que vivió muy solo su forma de hacer periodismo, que se hacía mala sangre. No sé si fue una actitud inteligente. Si Panzeri era conservador tenía que ver con la época en que vivía. Y que era ultragorila, sí, también. En ese sentido tengo a mi Panzeri. Lo quiero por su valentía, porque no claudica con nadie en un país donde el fútbol logró sacar lo peor del país. Que se murió por hacerse mala sangre sería una aseveración científica irresponsable. Pero es cierto que se hacía mala sangre. La familia le pedía que se tranquilice, le decía que no era el Quijote. Y muere de un cáncer a los 59 años». Después le dedica distintos calificativos: disciplinado, recto, estricto, obsesivo, difícil.

En el sepelio de Panzeri hubo pocos futbolistas. Ernesto Duchini, Adolfo Pedernera, Carlos Peucelle. Periodistas, apenas: sus críticas lo fueron dejando solo y las del Mundial acrecentaron esa soledad. No todos sus colegas querían quedar pegados con quien hablaba de despilfarros, más allá de que el tiempo le dio la razón. En sus notas criticaba la desmesurada importancia que se le daba a los directores técnicos, las exorbitantes sumas de dinero que se paga a los jugadores y la dudosa moral de los dirigentes, aún de aquellos que hicieron historia cuando sus equipos ganaron campeonatos.

«Buscando a Panzeri» iba a seguir, tras el frustrado BAFICI, por otros festivales, salas y en plataformas digitales. «Pero el mundo real se acabó y habrá que esperar a que se abran las salas», se resigna Esquenazi, quien lamenta que los organizadores del BAFICI no hayan aprovechado plataformas digitales para difundir diversos materiales de la programación.  Además, el documental fue seleccionado por la Asociación de Directores de Cine (PCI), para ser estrenado en el mes de julio en la plataforma Puentes de Cine, sala de cine virtual (puentesdecine.com)-

Entre los entrevistados están Norberto Verea, Ezequiel Fernández Moores, Ariel Guiñazú, Matías Bauso, Roberto Perfumo, Tomás Abraham, Alejandro Caravario, Tomas Sanz, Pablo De Biase, Dante Zavatarelli y sus hijos, Sandro y Flavia. Su esposa, María Luisa, se destaca al abrir el albúm familiar, dándole así más forma al propio Panzeri.

Carlos Bilardo, con quien Panzeri tuvo diferencias (en realidad siempre criticó al Estudiantes de Zubeldía y al Narigón particularmente), no quiere hablar pero Esquenazi hace escuchar el audio de la negativa. Otro al que no convenció para que opine fue César Luis Menotti. «Lo fui a ver al restaurante donde suele almorzar, le di un ejemplar de ‘Dinámica de lo impensado’ pero nunca me atendió los llamados», dice Esquinazi. De esa controversia le quedó claro que «el menottismo es más noble como idea pero Bilardo es más noble como persona. No hablaré mal de Bilardo por no darme la entrevista. Me hubiese gustado, sí, pero no me gustó la actitud del otro señor, que me dijo que lo llame pero después no me quiso atender».

Ante la ucronía sobre cómo hubiera resistido los embates de la dictadura militar con sus críticas a la organización del Mundial, Esquenazi suelta: «No creo que lo hubiesen chupado. Una vez lo fueron a ver a su casa y no se calló. No le pasó nada. Aunque incomodara y les resultara molesto, no tenía el perfil de persona a perseguir. Eso de ser al mismo tiempo conservador y anarquista, de ir de un extremo al otro, creo que lo dejaba al margen».

En Burguesía y gangsterismo en el deporte, libro publicado en 1974 con recopilaciones de sus notas, se lee : «Donde el fútbol limite su incidencia material a la que tuvo siempre (siempre se jugó por plata), veremos el equilibrio entre el placer y la ambición. El placer solo no puede sobrevivir económicamente, pero la ambición sin placer mata al individuo como generador de un espectáculo y hace que el espectáculo también se suicide». Casi cinco décadas después esas palabras siguen vigentes. «Buscando a Panzeri», también da cuenta de ese detalle.