El historiador y periodista Marcelo Larraquy, en su libro La Guerra Invisible, da cuenta de acciones bélicas en suelo continental argentino durante la guerra de 1982 que eran desconocidas hasta su publicación.

El  10 de abril de 1982 la población argentina escuchó, por boca de Leopoldo Fortunato Galtieri, la tristemente célebre proclama: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”. Pocos días después llegaría la Armada británica a la zona de guerra.

El conflicto bélico entre Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña, por el territorio insular de las Islas Malvinas en 1982, presenta muchos más misterios que certezas en cuanto al accionar de las tropas de ambos bandos, según se desprende del cotejo entre la historia oficial y los diversos relatos personales de los protagonistas de aquel enfrentamiento. Un aspecto prácticamente desconocido en Argentina es la actuación de las fuerzas militares de Gran Bretaña en nuestro territorio continental. El historiador (UBA) y periodista  Marcelo Larraquy detalla en su último título, La Guerra Invisible, detalles precisos y documentados del desempeño de tropas del Reino Unido en Tierra del Fuego -además de abordar en extenso, y claramente,  los prolegómenos diplomáticos,  y entretelones geopolíticos generales, que condujeron a la decisión de la Junta Militar argentina de recuperar, por vía bélica, el territorio insular de Malvinas. La Nueva Mañana entrevistó al autor a fin de acercar a sus lectores detalles sobre una información a la cual el libro de Larraquy  puede ilustrar y ampliar: el conocimiento sobre una historia de la guerra de las Malvinas que todavía desconocemos.

El continente, el gran portaaviones argentino

¿Se puede afirmar que la guerra entre Reino Unido y Argentina por las Islas Malvinas, además de desarrollarse en el territorio insular y en las aguas oceánicas sureñas del Atlántico, también se desarrolló en el continente argentino? 

– Sí, y hay varias evidencias que lo demuestran. En La Guerra Invisible detallo la preocupación británica por la amenaza aérea que surge del continente, sobre todo después del impacto sobre el destructor Sheffield, golpeado con misiles Exocet y lanzados por aviones Super Etendard. Gran Bretaña necesitaba resolver la cuestión continental antes del desembarco y temía que desde el continente se impactara sobre uno o dos portaviones. Por algunas semanas la preocupación bélica británica se centró en el continente.

¿Tropas y/o transportes británicos se asentaron sobre suelo continental argentino? ¿Dónde? 

– Hay indicios de intentos de desembarco para la infiltración de comandos anfibios, que surgían desde  submarinos. La costa argentina fue surcada por cuatro submarinos británicos, que reconocen los archivos militares. Hacían tareas de guerra electrónica: detectaban e informaban las salidas de los aviones desde distintas bases aéreas, intentaban captar comunicaciones del enemigo. También tareas de espionaje en Tierra del Fuego, a través de las estancias, que tienen acceso por los dos países (Argentina y Chile). Pero todas estas operaciones todavía se mantienen clasificadas tanto por el gobierno británico como el argentino. Argentina todavía no abrió los archivos del Ejército en el continente, podría decirse que los ocultó, porque en el cese de hostilidades se delimitó la Guerra del Atlántico Sur a las islas, y se excluyó al continente. En La guerra Invisible se describe una operación con mucho detalle, la que comanda el capitán Andrew Legg.

¿Con qué se va a encontrar el lector de La guerra Invisible? 

– Con un thriller bélico que comprende la guerra aérea y también el continente como centro de gravedad de la guerra, antes del desembarco británico en el estrecho de San Carlos. Y sobre todo, con el comando del Special Air Service (SAS) que aterriza en el continente en su intento de alcanzar su misión, que era destruir aviones, misiles y eliminar a los pilotos.

– ¿Qué hubiera pasado -en Argentina, y en el mundo- de haberse sabido en el momento el accionar inglés en suelo continental argentino? 

– Creo que se hubiese avanzado en una guerra con un escenario mucho más abierto, con la intervención directa de la OTAN, los países latinoamericanos y probablemente de la Unión Soviética. Eran tiempos de guerra fría y si bien esta, la de Argentina y Gran Bretaña era una “guerra interna” de Occidente, la Unión Soviética no le resultaba indiferente estratégicamente. Hace pocos días se reveló que Estados Unidos ya tenía preparado un portaaviones de reemplazo, en caso de que resultara hundido alguno de los dos que utilizaba  Gran Bretaña en la guerra.

¿Qué motivó el proceder del Reino Unido en suelo continental argentino? 

– Gran Bretaña debía establecer la superioridad naval y aérea para desembarcar sus miles de soldados en las islas. Para ello, el primer objetivo fue disuadir a la flota naval argentina, y lo hizo a través del impacto sobre el Crucero General Belgrano. Desde entonces la Marina llevó sus naves a la costa y las alejó del combate. El 10 de mayo fue el último día que un submarino argentino surcó el estrecho San Carlos, y ese día impactaron sobre un buque de la Marina Mercante que hacía tareas logísticas. Pero también necesitaba disolver la amenaza aérea, y el gran “portaviones” argentino era el continente, donde estaban las bases, los aviadores, las plantas de combustible… Por eso el continente se convirtió en el espacio geográfico clave en la guerra. 

¿Por qué “Guerra Invisible”? 

-Porque no fue una guerra convencional, fue una guerra electrónica, de espionaje, de comunicaciones encriptadas, de sabotajes, y también de comandos que intentaban avanzar detrás de las líneas enemigas. Y por otra parte, porque el libro cuenta en detalle una revelación: la guerra en el continente. Es el primer paso para nuevas revelaciones. Pero para ello Argentina debe abrir los archivos que todavía mantienen clasificados, además de Gran Bretaña, obviamente.

Asalto a la Base Aeronaval de Río Grande (Tierra del Fuego).

¿Cuándo, y dónde ocurrió la operación a cargo de Andrew P. Legg que usted revela? 

– En la madrugada del 18 de mayo de 1982, a 50 kilómetros hasta la Base Aeronaval Río Grande.

¿Con qué finalidad?

– Para explorarla y tomarla por asalto, si advertía la posibilidad.

¿Y qué pasó?

– Pasó que Legg luego de unos momentos de reflexión contemplando la zona evaluó la prácticamente nula posibilidad de éxito en su misión y decidió retirar sus hombres hasta la frontera con Chile. Luego sería juzgado en Reino Unido por esta decisión.

¿Chile cooperó con los británicos? 

– Chile cooperó. No solo con el radar de Punta Arenas, que puso al servicio de Gran Bretaña, sino que permitió que Gran Bretaña hiciera inteligencia sobre la Patagonia en distintas modalidades.

¿Desde dónde despegó la nave que transportó a la tropa inglesa? 

– Despegó desde el portaaviones Invincible. En el libro se detalla toda la operación.

¿Cuántas operaciones inglesas se desarrollaron en el continente? ¿Supone usted que saldrán a la luz algún día? 

– Los ingleses reconocen cuatro. Están en sus archivos de guerra. Pero las descripciones de esas operaciones están retenidas por secreto militar.

¿Hubo enfrentamientos cara a cara entre tropas inglesas y argentinas en territorio continental? ¿Se hicieron prisioneros británicos en el continente? 

– Muchos soldados, veteranos de guerra del continente, han mencionado combates en la oscuridad de la noche, intentos de desembarco repelido. Hay un helicóptero del Ejército que el 30 de abril fue aparentemente impactado en Caleta Olivia desde un gomón cuando también intentaba infiltrar un grupo comando. Sus ocupantes murieron. El Ejército los reconoce como muertos en combates. También hubo espías británicos detenidos en el continente.

¿De constatarse esta revelación -que la guerra también se desarrolló en el continente no debiera ser pensionada toda la tropa argentina que estuvo acuartelada en el continente? 

– Sí, tuvieron su reconocimiento honorífico desde 1984 hasta 1988, pero luego fueron despojados de las medallas y de las pensiones de guerra. Muchas agrupaciones del continente están ejerciendo ese reclamo desde entonces.

¿El secretario Daniel Filmus y/o el canciller Felipe Solá han emitido opinión alguna respecto a su libro y su revelación? 

– Ninguna en forma pública.