Fue en junio de 1977, después de un recital de La Máquina de Hacer Pájaros en el lugar que hoy es el supermercado Pingüino. Cuatro décadas después, los protagonistas relatan lo ocurrido en una historia casi desconocida en la ciudad.

Una extraña combinación de hechos que se sucedieron en el otoño de 1977, cuando las noches eran más que oscuras en la Argentina, tuvo a San Francisco como el lugar de una página bastante desdichada en la cronología del rock and roll en el país. Una historia prácticamente desconocida pero que pudo ser reconstruida a través de una investigación de El Periódico revela que en aquel año se vivieron en la ciudad unos días históricos después de un recital de rock, que más de 43 años después sus protagonistas recuerdan con mucha tristeza. Entre esos actores, un tipo muy alto, flaco y de pelo largo, que con 25 años ya escribía de manera imborrable su nombre en la historia de la música popular: Charly García. Nada menos que la máxima figura del rock argentino tuvo un paso por San Francisco que lejos quedó de ser un buen recuerdo.

Lo que sigue a continuación sería un escándalo mayúsculo si lo vemos con los ojos del presente, pero que en los infaustos años de la dictadura quizás era poco más que un hecho policial vinculado a lo que todavía era una alianza cultural muy reciente: los jóvenes y el rock. Fue el viernes 10 de junio de 1977. El grupo que por entonces lideraba García tras la separación de Sui Generis, llamado La Máquina de Hacer Pájaros, vino a San Francisco, dio un excelente recital con un buen marco de público, y cuando llegó el momento de cobrar por la actuación, según relatan los involucrados, les respondieron con un pagadios. Pero las cosas no iban a terminar en un simple mal trago: tres integrantes del staff de la banda (el productor Oscar López, el iluminador Juan José Quaranta y el asistente de sonido Eduardo Pirillo) pasaron unos seis días presos en la cárcel de la ciudad luego de reclamar el pago y algunos incidentes, por lo que el grupo pasó momentos de mucha incertidumbre antes de su histórico recital pocos días después en el Luna Park de Buenos Aires, que finalmente se realizó como estaba previsto tras una carambola de película.

Si bien unos pocos relatos locales aseguraban que Charly había ido preso o que “algo había pasado” con la Policía, a través de los testimonios de quienes vivieron el hecho este medio pudo rearmar cómo fue realmente aquel suceso hasta hoy prácticamente desconocido en la ciudad.

Quizás el primero en narrarlo fue, cuándo no, el propio Charly García en una entrevista casi inédita que dio a unos cronistas cordobeses en 1977. “Terminamos de tocar, dimos un recital impresionante, la gente fue, y el tipo que nos contrató nos hizo la cama, o sea después de tocar no nos quería pagar. Fue algo terrible, fue una estafa”, contó Charly en una nota realizada posiblemente en agosto de 1977 en Córdoba y que recién se difundió en un medio radial por primera vez en 1995, de la cual El Periódico reproduce ahora un breve fragmento. No fue lo único que dijo Charly sobre aquel suceso. Cómo se conservó esa entrevista y cómo salió a la luz es otra historia aparte, la que se verá más adelante.

Lo que ocurrió

Como se puede suponer no es sencillo establecer con exactitud hechos poco conocidos que ocurrieron 43 años atrás y de los que casi no hay registros. Algunos involucrados, además, ya no están. Sin embargo, con algunas diferencias en los recuerdos de cuestiones secundarias, todos los testimonios de los principales protagonistas de la historia coinciden en los hechos fundamentales.

En base a los relatos recogidos y artículos periodísticos de la época, el 10 de junio de 1977 a San Francisco arriba una de las bandas de rock que por aquellos días ya está entre las más convocantes y destacadas de la escena del rock progresivo argentino, muy probablemente en el colofón de una gira en la que se presenta en otras localidades cercanas. Se trata de La Máquina de Hacer Pájaros, el grupo que forma García después de la disolución de Sui Generis y antes de embarcarse en Serú Girán, que enrola a José Luis Fernández (bajo), Gustavo Bazterrica (guitarra), Carlos Cutaia (teclados) y Oscar Moro (batería). Todos nombres de fuste en la historia del rock nacional.

El recital se realiza en un recinto utilizado como cancha de básquet y todo tipo de espectáculos que es el estadio José Pilar Godoy (también llamado Estadio Polideportivo en esos días), posteriormente el Centro Deportivo Municipal (CEDEM) y actualmente el enorme galpón del supermercado Pingüino sobre el bulevar 25 de Mayo llegando a la avenida Yrigoyen.

Para La Máquina no es un recital cualquiera, principalmente por lo que ocurre luego, pero además porque es el último antes del que iba a ser el más grande en la historia de la banda, que se llevó a cabo apenas una semana después (17 de junio de 1977) en el Luna Park. Precisamente por eso lo tienen tan presente sus protagonistas.

Esa noche en San Francisco el estadio Pilar Godoy luce bastante lleno, con aproximadamente 1.000 personas. Es la época de la música progresiva y el rock sinfónico, la del sonido del vinilo. Música y letras muy elaboradas que demuestran que el rock no es una cáscara de revistas en salas de espera y éxitos de radio. Arreglos complejos, crítica social, pasajes muy cambiantes y un ensamble que no se puede lograr sin largas jornadas de ensayo. Los temas tranquilamente pueden durar 10 minutos sin que nadie se despeine. Charly desensilla en San Francisco con su banda en lo que va a ser tomado como un ensayo general antes del show en el Luna, allí donde van a presentar el segundo y último disco del grupo, Películas, que ya venían tocando en vivo sin haberlo publicado, algo impensado hoy.

Cuando termina el recital, que en esa fecha incluía temazos como BubulinaBoletos, pases y abonos; Ah, te vi entre las luces y Qué se puede hacer salvo ver películas; el manager y productor del grupo, Oscar López, quiere hacer lo que hacen todos los productores en el mundo: cobrar y a casa. Para eso va a buscar al hombre de la organización con el que dice que había hecho todas las tratativas. A López le empiezan a dar vueltas hasta que pierde la paciencia y comienza a romper lo que va encontrando a mano. Y con los técnicos y “plomos” del grupo no tienen mejor idea que cerrar las puertas del estadio para que los organizadores no se puedan ir, ya que supuestamente se alzaban con la recaudación. Al rato viene la Policía pero las cosas no se resuelven a favor de quienes dicen estar siendo estafados: López termina preso en San Francisco durante unos seis días acusado de privación ilegítima de la libertad junto al iluminador Quaranta (un pionero de las luces en el rock) y Pirillo, el asistente de sonido de la banda.

Los músicos y otros integrantes del equipo tienen que volver enseguida a Buenos Aires. Quien sí se queda en la ciudad, y que es quien les lleva comida a la cárcel y empieza a mover hilos desde afuera para conseguir que sean liberados, es el famoso sonidista Daniel Milrud.

“Me dejó marcado”

A más de 43 años, este medio pudo charlar con los tres protagonistas que resultaron detenidos, quienes relataron lo vivido, seguramente con el tamiz del paso de los años. Al momento de tomar contacto casi no hay que explicar el motivo de la llamada. Cuatro décadas después, todos asumen que no puede ser sino por aquella amarga semana en la cárcel local. López, que después fue quien arrancó nada menos que con Serú Girán y tuvo una extensa carrera en el mundo del espectáculo en América Latina, habla con El Periódico y asegura que fue algo que lo dejó marcado.

“Lo de San Francisco lo usamos como ensayo general porque fue justo en la semana antes de la función en el Luna Park. Por eso fuimos con toda la producción”, comienza López.

Según recuerda el reconocido productor musical, antes de empezar el recital ya había intentado cobrar, pero le dijeron que estaban juntando la plata. “De pronto se largó a tocar la banda porque la gente ya insistía y había que empezar, cosa que estuvo bien porque nuestra preocupación fundamental era el ensayo”, narra.

Hasta ahí, todo viene sin problemas y se respeta la idea de tener todo aceitado para el gran recital en el Luna Park. Pero la función termina y llega el momento de cobrar por los servicios prestados. “Me tuvieron media hora que no me pagaban. Ahí me rompí las bolas y me puse a insistir, entonces me dijeron que la banda ya había tocado y que nos íbamos a ir sin cobrar o terminábamos presos. Me acuerdo que estaban las copas del club y yo empecé a romper todo. Me estaban chapeando que tenían a la Policía bajo las órdenes suyas”, relata.

El iluminador Quaranta, otro de los apresados, tiene un recuerdo de los hechos que coincide en la gran mayoría de los detalles con la versión de López. Y también destaca que nunca se va a olvidar lo que vivió en la cárcel local después de que la Policía se los llevara. “Habrán sido las dos de la mañana. Estábamos todos en un patio muy grande y uno de los policías dijo ‘El uno, el tres, el cinco y el siete se quedan detenidos, el resto que se vaya’. Uno de los oficiales les dice: ‘¿Y con la mujer qué hacemos?’ Porque uno de los números impares que dijeron era la mujer de Oscar López. Hablaron entre ellos y esta persona que daba la orden dijo ‘Bueno, dejala que se vaya y con estos tres alcanza’. Y nos metieron en la cárcel a los tres”, dice Quaranta a este medio.

El iluminador, que trabajó con artistas como Mercedes Sosa y León Gieco (con el cual volvió a San Francisco), y que siguió muchos años más con Charly García, confiesa que de aquellos días en la cárcel sanfrancisqueña todavía tiene una imagen angustiante: “Tengo una fotografía que fue estar en una cola de presos con un plato para que me pongan la comida y al plato lo estaba llenando de lágrimas, porque no podía creer lo que estaba viviendo. Eso después me trajo consecuencias anímicas, pero gracias a Dios las superé. Fue muy impactante”.

“En la cárcel salíamos al campito a pastorear. Los presos más pesados nos cuidaban. Los músicos estaban al tanto y el recital del Luna Park nos lo dedicaron a nosotros. Quedó como una anécdota muy pesada, porque nos pasamos cinco días adentro. He ido a lugares rarísimos con Café Tacuba, Camilo Sesto, José José, pero nunca pasé una situación así”. Oscar López, productor del grupo.

“El escenario estaba en el piso. Charly tenía una bufanda blanca muy larga, se tocó todo, estaba muy metido en el recital”. José Sábolo. Asistente al show.

Una cancha de básquet

Todos los protagonistas, que tuvieron extensas trayectorias en el ambiente del rock, no solo en el país sino en giras internacionales, remarcan que nunca vivieron una situación así.

Desde el lado de los músicos, el bajista José Luis Fernández también dice que se acuerda del hecho porque fue en los días previos a la presentación del segundo disco en el Luna Park. “Me acuerdo que el lugar estaba llenísimo y que era una cancha de básquet. Nosotros ya estábamos en el hotel y nos preocupaba porque López, el iluminador y los plomos no llegaban. En la comisaría nos decían que iban a quedar detenidos y que les iban a confiscar todos los equipos. Nos volvimos porque teníamos que preparar el Luna Park”, evoca Fernández.

“Parece que estaban todos en combinación con la Policía. No recuerdo de otra situación así en ningún lado”, reitera.

Pirillo, el tercer detenido, lo tiene presente todavía como un momento que califica horrible. “El concierto había estado fantástico. Ya se había retirado la gente, yo estaba arriba del escenario desarmando y escucho un griterío del productor nuestro, como que le estaban robando. Pego un salto del escenario y me fui al humo a tratar de defenderlo. Y todo termina mal, nos encierran”, rememora.

“Ya me vi en un calabozo, no entendía nada y con el cagazo de un muchacho que nunca había tenido problemas de ese estilo en la vida. Al principio estuvimos solos, bastante desolados, después nos pusieron en ese penal a los tres juntos y en compañía la íbamos llevando mejor”, agrega.

Al fin libres

Los tres integrantes del grupo de Charly finalmente van a salir en libertad unos seis días después. Pero todavía es mitad de semana y están en la cárcel de San Francisco. Las horas pasan, se acerca la función en el Luna Park y los tres siguen esperando que alguien de afuera destrabe la cosa. No había avances, y en una época sin celulares e internet estos asuntos tomaban su tiempo. “Nos decían que era un delito grave”, explica Quaranta.

Aquí entra en escena un gran amigo de la infancia de López: Carlos “Cachi” Diamint, un fotógrafo de rock de la época y cuya familia era propietaria de una fábrica muy importante (Diamint Máquinas, hoy ABD, una de las metalúrgicas más importantes del país). Tanto López como los otros dos detenidos relatan que al saber de la situación, Diamint acude entonces a un militar de alto rango ya retirado que trabajaba o tenía un contacto muy estrecho con la metalúrgica familiar, y que esa persona fue quien hizo gestiones e incidió en gran medida para que puedan recuperar la libertad en plena dictadura. Otra persona con contactos en la Justicia en Buenos Aires, aunque esto aún no pudo confirmarse, también habría viajado hasta San Francisco aportando los antecedentes de buena conducta de los detenidos.

Los tres aseguran que tras las gestiones del enviado de Diamint hubo un breve paso por los Tribunales locales y que una autoridad judicial encontró la forma de liberarlos. Según Quaranta, porque se hizo notar que había otras salidas del estadio que ellos no habían cerrado, lo que no configuraba privación de la libertad.

No está muy claro si todo se resolvió en la tarde del jueves o en la mañana del viernes. En lo que sí coinciden todos los protagonistas es que el mismo viernes 17 de junio se subieron a un pequeño avión privado que rápidamente había alquilado Diamint, a instancias de su amigo López, y desde el Aeroclub local finalmente despegaron del territorio sanfrancisqueño para llegar, sobre la hora, a cumplir su trabajo esa misma noche en el recital de La Máquina en el Luna Park, no sin antes tener que desviar por una fuerte tormenta y aterrizar en el aeródromo de Don Torcuato.

Lamentablemente no hay registros en el Aeroclub local sobre esta clase de vuelos, lo que sería un documento histórico. Tampoco en la Departamental de Policía se encontraron hasta hoy fichas o documentos de las detenciones.

Así terminó la primera y casi con seguridad única presentación de la figura popular más importante del rock argentino en San Francisco, ya que si bien una revista especializada de la época (Expreso Imaginariomencionaba a la ciudad como parte de una gira de Serú Girán en 1979, es muy probable que ese show nunca se haya realizado: ninguna de las fuentes consultadas para esta investigación lo recuerda.

Como solista, no hay registros de que Charly García haya regresado a tocar a la ciudad. Estuvo a punto de hacerlo en 2004 en el Teatro Mayo, pero a poco de ser anunciado se suspendió. Después de aquel lejano 1977, su música terminaría por traspasar cualquier barrera y ser parte de la vida y las emociones de varias generaciones. Charly siempre estuvo adelantado. Ojalá algún podamos esperarlo de vuelta.

Las declaraciones de García en 1977 sobre los hechos de San Francisco son toda una historia agregada. La entrevista fue realizada en Córdoba después de junio (probablemente en agosto) de ese año por Patricia Perea y dos colaboradores hasta hoy no identificados. Perea, como más de uno ya habrá advertido, es la periodista cordobesa que años después inspiró la canción Peperina (estrenada en 1980) cuando la figura del bigote bicolor ya era poco menos que la de un prócer del rock local en Serú Girán y la mujer le propinaba duras críticas en la revista Expreso Imaginario. La entrevista fue rescatada del olvido en 1995 por el periodista cordobés Diego Quiroga, quien conoció a Perea en esos años y recibió de ella el casete con la nota inédita. Quiroga, especializado en periodismo musical, emitió ese reportaje en el 95 en un programa que tenía en la FM 94.3 de la Universidad Tecnológica Nacional en Córdoba, llamado Nuestro Vietnam. Nunca fue publicada en medios gráficos y fue reflotada otra vez en el libro Esta noche toca Charly, una gran investigación sobre los archivos y la obra de García que realizó el periodista Roque Di Pietro.

Di Pietro desgrabó casi la totalidad de la charla para su libro, publicado en 2017. En una parte hablan del recital en San Francisco y mencionan que fue “hace poco”. Y le preguntan a García, que acaba de cumplir 69 años pero entonces tiene apenas 25, por algunos problemas que derivaron en un hecho policial. Evidentemente, algo había trascendido entonces. Y esto responde Charly (una parte se puede escuchar en el audio que acompaña a esta nota).

– Fue muy lindo, dimos uno de los mejores conciertos, lástima el final. Lo que pasó es súper sencillo y además lo quiero súper decir. Terminamos de tocar, estuvo genial, dimos un recital impresionante, la gente fue, fue todo genial y el tipo que nos contrató nos hizo la cama, o sea después de tocar no nos quería pagar. Dijo: “Esta no es la primera vez que se compra mercadería y no se paga”. Entonces nos pusimos locos, yo no, pero Oscar López se puso muy loco y lo llevaron en cana y todo eso. Fue algo terrible, fue una estafa. A veces nos estafan como cualquier tipo que entra en una sociedad de consumo.

– ¿Pero después les pagaron?, le preguntan a Charly.

– No nos pagaron nada, loco. Pero le estamos haciendo un juicio por mil quinientos millones de pesos, que esperamos ganar (risas). Nos enteramos que a todos les hace lo mismo, por eso tiene tanta plata.

Charly parece bromear con lo del juicio. López, hoy con 70 años, asegura que nunca inició acciones legales y que todo el asunto se cerró años después a través de gestiones por las que tuvo que contratar abogados. “El consejo en ese momento de los abogados fue que nos olvidemos del tema. No hicimos ningún juicio ni nada. Tenía miedo de que fuera peor, fuimos presos, ¿sabés? Después me hice más grande, pero ahí me agarra con 23 o 24 años”, cuenta el productor.

Lo que salió en La Razón

En San Francisco algunos fanáticos de Charly conservan un trascendido muy breve sobre el hecho en el diario La Voz de San Justo, pero una noticia de junio de 1977 publicada por el diario porteño La Razón nombra a Juan Carlos Romero y a Jorge Asairene como dos policías de San Francisco que habían sido contratados por la organización y a quien los detenidos le habían impedido la salida. López, Quaranta y Pirillo sí tienen muy presente el nombre de Romero, aunque como organizador, pero no el de Asairene. Sin embargo, según las fuentes locales consultadas, no se conoce a Romero como promotor de eventos, mientras que Asairene (sería Assayrenc, en realidad) sí es recordado como un periodista (no un policía) que también incursionó en la organización de espectáculos en San Francisco. Es probable entonces que en la noticia de La Razón, en la cual no se cita ninguna fuente, haya una confusión al transcribir los roles y nombres.

El recorte de ese artículo en La Razón lo va a conservar Quaranta en estas cuatro décadas. El texto de esa nota es breve y precisa que el recital fue un domingo (en realidad fue el viernes 10 de junio) en un “complejo polideportivo”, que, como vimos, se refiere al estadio Pilar Godoy. Lleva como título “Insólito” y muy probablemente se imprimió en la sección de policiales. Dice el texto, en uno de sus párrafos: “También parte del público inició su retirada del local, pero cuando aún quedaban dentro gran cantidad de espectadores, los apoderados de Charlie García, José Oscar López, Juan José Cuaranta y Eduardo Pirillo, al grito de ‘aquí no se mueve nadie, hasta que no pongan la guita’, impidieron la salida de la gente cerrando las puertas del local. Los empleados de policía Juan Carlos Romero y Jorge Asairene, que habían sido contratados por los empresarios sanfrancisqueños para vigilar el orden, al apreciar la actitud de los promotores del artista, se apersonaron a ellos dándose a conocer. Estos, al parecer en una actitud evidentemente hostil, también impidieron la salida de los policías, quienes no obstante, pudieron hacerlo posteriormente, dirigiéndose a la jefatura, donde solicitaron refuerzos, regresando momentos más tarde, procediendo a la detención de López, Cuaranta y Pirillo”.

“Ahora se procura establecer la responsabilidad de éstos en el incidente”, termina sin más el texto.

Agradecimientos: Diego Quiroga, Arturo Bienedell, Luis Nazzi, Juan José Quaranta, Oscar López, Eduardo Pirillo, José Luis Fernández, José Sábolo, Francisco Camoletto, Aldo Pecchio, Gustavo Giecco, Antonio Converso, Mauro Reinero, Guillermo Lenci, Roque Di Pietro.

Fuente: el-periodico.com.ar