El ex delantero de San Lorenzo, Belgrano, y que llegó hasta Barcelona, hizo un repaso de su trayectoria y su visión del fútbol. Confesó que logró la ciudadanía para jugar en España con una documentación adulterada.

Mantiene su memoria intacta, como pirata concentrado a pura obsesión en un mapa del tesoro imaginario dentro del área, donde fue letal al punto que de la B de la Liga Cordobesa alcanzó la cima con Barcelona, en España. En solo tres años. Previo paso por un Belgrano estelar en tiempos de torneos nacionales y un pasaporte paraguayo con doble ciudadanía que le permitió colarse en la Liga Española, en tiempos donde casi no había cupo de extranjeros. Hoy sería un escándalo de proporciones.

Todavía camina con la simpleza de aquel pibe de barrio, en Parque Horizonte, a solo 10 cuadras de la cancha de su San Lorenzo de Córdoba. El living de su hogar invita a recorrer los banderines, fotos, posters y recortes de diarios de su museo personal con una trayectoria rutilante. Como un caballero que es, invita a recorrer cada rincón con la explicación que justifica cada imagen.

Bernardo Patricio Cos a sus 71 años recuerda con precisión cada detalle de su carrera, dirigentes que lo aconsejaron, manos amigas que lo asesoraron, a pesar de que no tiene relación hoy con el fútbol que tanto recibió. Y del que tanto dio. Su vida transita entre su negocio de quinielas convivencia con nietos y amigos de la vida, no tanto del ambiente del fútbol, quizás por su perfil o carácter particular, sin pelos en la lengua, que muchas veces le generó rencores.

“Estoy desalentado, es como que ya no es lo mismo. Disfruté tanto del fútbol que miro solamente partidos por televisión. Hace más de 10 años que no piso la cancha de Belgrano. Ni ninguna. No es de mal llevado, ya me dejó de apasionar. Igual, mantengo presente todos mis tesoros de juventud cuando fui futbolista”, le cuenta a La Nueva Mañana el “Cuchi”, apodo que hasta hoy no tiene un origen lógico. “Me lo puso un vecino cuando era chico pero ni pregunté por qué”, asistió.

– Hoy mirando el pasado, ¿se te dio todo muy rápido? 

– En Belgrano viví de todo. En San Lorenzo jugaba de “8”, debuté con 17 años y me llevan como una promesa. Te cuento que estuvo el “Hacha” (Luis Antonio) Ludueña también a prueba en Belgrano, ¿Eh? No la sabe casi nadie a esa. Entrenó dos meses y no quedó, si estaba Rivadero, la “Chiva” Altamirano, el “Tony” Syeyyguil y Laciar, un equipazo. Pensar que después fue ídolo de Talleres. Me llevó Yamil Scimes, me pusieron de delantero, más que nada de área y de repente, casi de memoria, armamos ese equipazo del Nacional que muchos no olvidan. Heredia, Cos y Quiroga.

– Y te llegó un gran salto a Europa, sin pasar por los equipos de Buenos Aires. Hoy parece inimaginable… 

– Fue todo tan rápido que hoy no parece real. Recuerdo que Barcelona me tenía apuntado después de un partido en Rosario por Jorge Griffa y mandaron a un intermediario a mi casa, a ver cómo vivía, se llamaba Juan Mascaró. Y todo estaba correctamente, por eso me llevaron. De irme a entrenar en bicicleta, a Europa. En Belgrano me llevaba un dirigente, Carlos Pellegrini, porque me decía que primero tenía que comprar el terreno y después el auto. Y de repente, Barcelona; siendo un jugador amateur al fútbol súper profesional.

– ¿El salto debe haber significado una gran responsabilidad, en nivel, en lo táctico? 

– Pero claro, fue todo un proceso, un desafío. Incluso llegué lesionado a Barcelona hasta que me operaron. Estuve seis meses sin jugar. El DT era Rinus Michels, no me olvido más, me tenía estima, al principio no jugaba pero después terminé teniendo participación. Extrañaba mucho, fue todo raro, pasar de jugar de una cancha del ascenso con poco pasto y en tres años hacerlo en el Camp Nou, en Europa, no fue fácil de asimilar. En mis primeras vacaciones, me volví el 21 de diciembre con fecha de regreso en una semana, pero como extrañaba, mandé parte de enfermo. Regresé el 30 de enero (risas).

– ¿Te acordás cuánto costó tu pase? 

– 55 mil dólares. Está claro que antes se manejaban otros precios, no con las locuras que se pagan hoy, ¿no? Belgrano pedía 90 mil pero insistí y me dejaron ir por esa cifra. Con esa plata terminaron de construir la cabecera preferencial, así que encima un honor haber colaborado con ese aporte. Y me reencontré allá con la “Milonguita” (Juan Carlos Heredia) aunque juntos jugamos poco y nada porque a él lo prestaron primero a Portugal y después al Elche hasta que tuvo doble nacionalidad, por su padre.

– ¿Y cómo resolviste ese trámite legal? 

 Mucho de legislaciones migratorias no conocía, así que Barcelona me gestionó un pasaporte especial. Estuve 15 días en Paraguay con la “Milonguita”, y el asunto era muy blanqueado en esa época, no fui el único. Pasé a llamarme Bernardo Fernández Cos, nacido en Santísima Trinidad, un pueblo paraguayo, el 31 de marzo del ’49. ¡Yo nunca supe que existía esa ciudad! Pero mi pasaporte acreditada eso, así que ¡palabra santa!

– ¿Barcelona estaba al tanto de eso? Hoy sería un escándalo… 

– Y sí, fue idea de ellos, así que tuve doble nacionalidad, la Liga no se entrometía. Cada tanto me citaban a tribunales en España por este tema y me acompañaba algún dirigente a declarar. Pero como era Barcelona yo creo que nunca investigaron a fondo. La “Milonguita” se llamó Carlos María Heredia Alvarado, pero no le fue necesario utilizar ese nombre. Igual eso me costó no jugar para la Selección.

– ¿Argentina? 

– No, ¡De España! El húngaro Ladislao Kubala era el DT de la Selección española y luego de una gira por Bélgica y Alemania, dentro de su seguimiento, bajó al vestuario y habló conmigo. Me querían convocar a un partido amistoso pero la verdad, le blanqueé todo. Tenía pasaporte “trucho”, hubiera saltado todo a la luz. Yo no era español, me hubiese traído problemas legales con Migraciones. Así que se me escapó esa oportunidad como también la chance de jugar en Argentina o Paraguay.

– Pero igual te diste el gusto de jugar tres temporadas en Barcelona… 

– Y ser campeón, de jugar Champions League, nos eliminó Leeds United en semifinales porque nos pusimos a discutir el reparto de premios, nos empataron y a casa. Cuando llegué a Barcelona los refuerzos eran Johan Cruyff y el peruano Hugo Sotil. Yo pude jugar de esa forma comunitaria. Y todavía retumba en mi cabeza el gol a Celta de Vigo en el ’72, en mi debut. Quedó para mi álbum mental en la memoria.

– Volvamos a Córdoba, ¿te dejó de entusiasmar Belgrano? 

– No solo Belgrano, sino el fútbol en general. Qué se yo, en mi época pegaban cada patada, yo ahora veo que en Europa los dejan pasar a los delanteros caminando. Cambió mucho. En Burgos me rompieron tibia y peroné, el club inició juicio para que al que me pegó, creo que de apellido era Gallego, de La Coruña, le dieran 10 fechas. Los diarios decían que me lesioné “pateando la gramilla”. Por favor…

– ¿Ahora dejan jugar más? 

– Sí claro, en mis tiempos los defensores te estampaban contra el alambrado. En España igual, mirá si vas a pasar como ahora, con dos firuletes. Olvídate. Te mataban a patadas. Te ponían tarjeta amarilla por protestar al árbitro o por hacer mal un saque lateral. Por una patada no pasaba nada. Además no me gusta el fútbol de hoy, se corre mucho, no hay gambetas, los jugadores son máquinas maratonistas, pero de juego, poco y nada. Me dejó de apasionar.