Fue basquetbolista. Fue cantante. Algunos lo recuerdan también por el fútbol, de donde se llevó algún que otro canto de la hinchada para mechar entre canción y canción. El hombre que un día descubrió el Litoral y se lo llevó para siempre con él.

A Messi lo conocen todos. En el fútbol de los últimos quince años siempre está entre los primeros apellidos de cualquier lista. De otro Messi, de Musimessi, no se acuerda casi nadie.

Si hablamos de arquero cantor, muchos pensarán en el “Mono” Germán Burgos. Pero no. Julio Elías Musimessi estuvo antes y vendió más. Jugó, por otra parte, en la ribera de enfrente. En Boca, donde atajó 155 partidos entre 1953 y 1959.

Había nacido en fecha patria, un 9 de julio de 1924, en Resistencia, Chaco, pero se hizo correntino de alma, atajando en su juventud en Boca Unidos, donde descubrió el amor y el sabor de la tierra del chamamé, tierra que le quedaba bien impregnada a las manos de tanto revolcarse bajo los tres palos en esa época en que no se usaban guantes. Antes había jugado al básquet, pero por esos giros del azar y de andar cerca de un picado -donde siempre falta uno para completar equipos- terminó encontrando su lugar en el área chica.

Dejó el Litoral para atajar cerca de una década en Newell’s, donde se hizo ídolo. De esos años, por un partido en la selección contra España, en Madrid, le quedó el apodo de “Gato”, de algún cronista sorprendido por su estatura más bien promedio y esos saltos con los que iba de palo a palo. Los mitos dicen que, de ese partido, también quedó el pedido de don Santiago Bernabéu para que fuera a jugar al Real Madrid. Pero que prefirió quedarse cerca de su gente. Lo suyo no era el chotis ni el baile castizo.

En esa era post “Máquina” de River, quedó marcado por un penal que atajó cuando Boca caía en el Monumental 2-1, y que significó el envión para que la visita terminara quedándose con el clásico 3-2. Ganó un título, el de 1954, con el que Boca cortó una sequía de diez años y una seguidilla de copas de los millonarios. Grabó un tema inspirado en esa conquista, “Quince estrellas”, uno de los tantos que dedicaría al club de la ribera, como “A Boca lo queremos” y “Glorias boquenses”.

Y los “xeneizes” conquistaron el Litoral más por las canciones de Musimessi que por su fútbol. Porque tanto le gustaba al arquero el cancionero de esa región que solía presentarse en boliches, cantinas y algún que otro teatro. También en radio, donde entre canción y canción, cada tanto mechaba algún pasaje de la hinchada de Boca. Así fue que terminó haciendo un disco del que vendió, según algunos registros, más de un millón de copias, una verdadera locura para su época.

Hay estampas y tapas de El Gráfico en donde lo muestran recostado contra un palo, cubriéndose del sol, con las medias caídas. Cuidó bien del arco boquense hasta la llegada de un nuevo ídolo, que emuló su hazaña de atajar un penal importante contra los primos: Antonio Roma.

Musimessi siguió su carrera en Deportivo Morón y Green Cross de Chile. Cuando se retiró del fútbol, abrió su propio bar en Castelar, en el western bonaerense, donde una noche de 1986 hasta atajó dos tiros que le arrojó una patota que se resistía al cierre del local. El Gato no perdía las mañas y tenía algunas vidas guardadas. Murió una década después, con 72 años, un 4 de septiembre de 1996.