Cuando los hijos de represores jugaban al fútbol

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Roberto Viola (h) y Marcos Suárez Alais jugaron en el Ascenso para Defensores de Belgrano y San Telmo, respectivamente, en 1975. Sus padres fueron acusados por crímenes de lesa humanidad.

Roberto Eduardo Viola (h) jugaba de volante derecho en Defensores de Belgrano. Marcos Suárez Alais lo hacía como delantero en San Telmo. Hijos de militares responsables de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura genocida, empezaron sus carreras en el fútbol en el primer lustro de los años ‘70. Sus historias deportivas, tan breves como de escaso relieve, los ubican en un tiempo y un espacio que solo se vuelven visibles por el azarozo descubrimiento en uno o más archivos. El hijo de quien fuera sucesor de Videla en la presidencia de facto y el de Suárez Mason (usa como apellido Alais, el de su madre) no coincidieron en una cancha como rivales porque en los dos partidos del torneo que se enfrentaron sus equipos solo Viola (h) jugó como titular en la segunda rueda, el 12 de julio de 1975 (ganó San Telmo 4 a 1).

Robertito –como le decían para diferenciarlo de su padre que llegó a la Casa Rosada a fines de 1981– y el delantero del doble apellido siguieron sus vidas después del fútbol en la actividad privada. Eran hijos de un poder que determinaba quién vivía o moría en la Argentina. A Viola (h) los medios de la época le atribuían que había convencido a su padre para que Queen, la banda liderada por Freddie Mercury, pudiera venir de gira al país poco antes de que le traspasara el mando Jorge Rafael Videla. Hay una fotografía que prueba aquel encuentro entre los músicos y el dictador. Incluso, en el libro Operación Sinatra sobre la visita del célebre cantante en 1981, sus autores, Diego Mancusi y Sebastián Grandi, lo describen a Viola (h) como involucrado en ella y haciendo de nexo con los empresarios que lo trajeron.

Suárez Alais se daría un gusto diferente un año antes. En 1980 Marcos jugó una Copa internacional en Japón para Argentinos Juniors en la que Diego Maradona había sido invitado a participar pero no pudo viajar. Su padre, amo y señor en el club de La Paternal, consiguió que lo subieran a un avión entremezclado con un plantel básicamente juvenil. Ingeniero electromecánico con orientación electrónica, tiene un currículum donde declara que es técnico en Psicología Social de la Escuela Pichón Riviere, secretario de la Fundación Sai Baba en la que realiza un voluntariado y dice colaborar en la atención de un comedor infantil en la localidad de González Catán.

En aquel torneo de la Primera B, San Telmo le sacó 22 puntos en la tabla a Defensores. Sería la distancia entre el subcampeón y ascendido –detrás de Quilmes el campeón– y el decimoquinto puesto del club del Bajo Nuñez. A Suárez Alais lo dirigía Eduardo Janín, quien hoy tiene 82 años y una memoria prodigiosa. El técnico le contó a Página I12 desde su cuarentena en Don Torcuato que lo había utilizado como titular en un partido –contra Talleres de Remedios de Escalada– y que entró en otros tres, en uno de los cuales hizo su único gol del campeonato contra Estudiantes de Buenos Aires. Ese día San Telmo ganó 2 a 0.

Viola jugó para Defensores en aquel 4 a 1 en contra en la Isla Maciel. Su director técnico era Vicente Bonavena (el hermano de Ringo, el popular boxeador que peleó con Cassius Clay) quien falleció en septiembre del 2019. De la síntesis de aquella goleada que se conserva en las colecciones de los diarios o en la memoria de un historiador de San Telmo como Adrián Navarro, se desprende que el público iba bastante a los estadios pese al Rodrigazo que se había producido el 4 de junio del ’75. En las boleterías quedaron 1.642.200 pesos depreciados por el ajuste salvaje del ministro de Economía de Isabelita, Celestino Rodrigo.

Viola y Suárez Alais, hijos de generales acusados en democracia por delitos de lesa humanidad –el primero condenado a 17 años de prisión en el juicio a las Juntas de 1985, el segundo no porque lo soprendió antes la muerte–, no llegaron a cruzarse en una cancha. San Telmo jugó en Primera División en el ’76 por única vez en su historia y Marcos ya no integraba el plantel. Atrás había dejado los cuatro partidos que registró en la B. Esa fue su contribución en el ascenso a la A, categoría esta última donde el equipo ganaría el encuentro oficial más importante de su historia el 25 de mayo de 1976 (3 a 1 a Boca como local). A partir de ese año se pierde el rastro del puntero derecho que reaparecerá en aquella Copa Kirin de Japón a la que fue con Argentinos Juniors cuatro años después. Jamás llegó a debutar en la primera del club de La Paternal –estuvo dos fechas en el banco de suplentes en el Metropolitano de 1978– pero al menos se dio el gusto de jugar en la gira con pibes de las promociones 61 y 62 –varios años menores que él, nacido en 1954– que sí quedaron en el plantel superior como Sergio Batista, Carlos Olarán y Ricardo Caruso Lombardi. El primero fue campeón mundial con la Selección nacional en México ’86.

La historia futbolística de Viola, también de la promoción 1954, tuvo algo más de continuidad. Había debutado en la primera de Atlanta el 23 de diciembre de 1972 en un partido contra Banfield que terminó empatado 3 a 3 en el Viejo Gasómetro de San Lorenzo. Promovido desde las divisiones inferiores siendo muy pibe, no volvió a jugar más hasta el Campeonato Nacional de 1974 cuando se desató un conflicto gremial con el plantel profesional. Como los dirigentes decidieron reemplazar a los huelguistas tuvo de nuevo su oportunidad y completó 12 partidos, con tres goles. Sería su último año en el club donde también había jugado al basquet con el recordado León Najnudel como entrenador. Ese deporte –según rescata la publicación partidaria Siglo Bohemio– lo compartió con un desaparecido: «Fue en 1970 cuando Viola y Toscano coincidieron en el plantel de cadetes de Atlanta». Se trata de un militante político peronista al que hoy se recuerda en la sede de la calle Humboldt de Villa Crespo con una plaqueta que reza: «Daniel Toscano, socio, asambleísta y basquetbolista de Atlanta desaparecido el 30 de enero de 1978».

Viola quedó libre del plantel de fútbol a fines del ’74 y al año siguiente pasó a Defensores de Belgrano, donde permaneció dos temporadas. Los registros estadísticos le cuentan 28 partidos disputados y cuatro goles en el 75-76. Hay una fotografía donde aparece en la Bombonera antes de jugar contra Quilmes en condición de local. Una rareza. Esa tarde hizo el gol del descuento de penal. Defensores perdió 2 a 1. Al año siguiente y con la dictadura cívico-militar instalada en el poder, siguiría en el club del Bajo Nuñez. Jugó al fútbol una de sus últimas temporadas mientras la ESMA situada frente al estadio de Defe ya funcionaba a pleno como centro de exterminio. Un guiño de la memoria, la verdad y la justicia hizo que un cuarto de siglo después, el 25 de mayo de 2001, a la tribuna techada de la cancha se la bautizara con el nombre de Marquitos Zuker, un detenido-desaparecido cuya imagen hoy mira hacia la ex ESMA.

Viola (h) completó su trayectoria deportiva con un paso por Almagro en 1978. El destino quiso que lo dirigiera Janin, al igual que a Suárez Alais en San Telmo. «Lo llevé yo», dice hoy el DT y lo corrobora un recorte de la época donde se lee que había llegado al club junto a otros refuerzos.

De Robertito –como lo llama también el periodista Enrique Martín en su novela Bohemios– no hay demasiados indicios de su vida presente, a no ser por las noticias que llegan desde Concordia, Entre Ríos, donde sus padres tenían varias propiedades. El diario El Sol de esa ciudad publicó el año pasado que integraba una lista de «128 procesados por la Justicia Penal de Paraná por la comisión de los presuntos delitos de fraude contra el Estado, mediante una maniobra realizada por ex funcionarios de la ATER (Administradora Tributaria de Entre Ríos) que ‘borraban’ las deudas de las computadoras del organismo recaudador con el concurso de varios empleados infieles y dos contadores de Concordia». Se le reclamaba el cobro de unos 400 mil pesos y hasta abril de 2019 tenía un procesamiento firme en su contra más un embargo de 30 mil pesos.

Viola (h), segundo arriba, de izquierda a derecha.