El oficialismo, el gobierno, el macrismo o como se llame la caterva neoliberal que ha fundido a la Argentina en tres años y medio, está entrando ahora en una peligrosa desesperación. Al odio que sembraron con mentiras, al saqueo incontrolado del patrimonio nacional, y al desastre económico, productivo y moral, ahora que se les viene la noche hay que sumarle la furia que les produce la casi segura derrota electoral.

Esa furia no se oculta con encuestas amañadas. Están perdidos y por eso provocan mediáticamente a toda hora y de toda forma. Ahí están hechos groseros como el derribo de carteles de publicidad electoral de Axel Kicillof en carreteras bonaerenses, el penoso papel de periodistas degradados, la repulsiva y violenta prédica de sus trolls, y la soberbia con que amenazan seguir desguazando al país si son reelectos, que es la única alternativa que consideran. Como hacen los psicópatas.

Luego de mucho machacar con el fraude, al menos logramos –tras denunciar sistemática y largamente los intentos fraudulentos del macrismo– que se tomen algunos recaudos. No suficientes ni a fondo, pero algo es algo. Y por eso mismo habrá que ser cautos y serenos esta semana. Porque si todas las fieras, en la desesperación y sintiéndose acorraladas, se tornan más peligrosas, habrá que estar muy atentos y serenos frente a los manotazos que estos tipos podrían dar para ensuciar todo.

Al menos a esta columna no le parece excesivo considerar que, por caso, provoquen represiones y «accidentes», fragüen enfrentamientos violentos con muertos y heridos, autoasalten locales del PRO, saqueen supermercados y varios etc. La calenturienta provocación de trolls y gorilas sueltos, por un lado, y la siempre oblicua acción de «los servicios» que ya se ha visto que son capaces de cualquier cosa, pueden quebrar la paz en minutos. Por eso convendría que la sociedad democrática se mantenga alerta, por lo menos desde esta semana y hasta los comicios presidenciales de octubre.

Y convendría también que no se acuse de exageradas estas prevenciones, porque estos tipos ya han demostrado que son capaces de todo, de cualquier cosa. Así destruyeron fábricas, empleos y familias, así vaciaron el sistema de salud pública y atacan la educación pública, así hay 4 millones de compatriotas con hambre, gente en situación de calle como nunca antes y muchos muriendo de frío. Además ya probaron ser perfectamente capaces de censurar y encarcelar ciudadanos/as sin más pruebas que «denuncias» y sospechas amañadas, y sin condenas firmes. El constante avasallamiento de la Constitución Nacional, que más allá de sus arcaísmos y debilidades es nuestra ley fundamental, es violencia institucional pura y reiterada.

Por eso las sospechas, temores y alertas que definen este texto no son, ni ahí, frutos de una imaginación calvinista como la que sí tiene, por caso y probadamente, el inmigrante ecuatoriano que desde hace años le escribe los libretos al Presidente. Tenerlo presente alcanza y sobra para que sepamos que son capaces de todo. O sea, de cualquier barbaridad sin medir ni importarles las consecuencias.

La historia universal, la literatura y el cine están sobrados de comportamientos psicopáticos y acciones inesperadas que producen tragedias colectivas. Sería imperdonable ingenuidad no tenerlo en cuenta. Sobre todo porque estos tipos tienen antecedentes. De clase, de apellidos, de choreos y de crímenes. ¿O no es evidente que en el actual gobierno macrista-radical está la misma gente, con la misma ideología, que estuvo detrás de los militares en cada golpe de Estado desde 1930 a la fecha? Jamás vacilaron a la hora de matar opositores: lo hicieron en 1951, 1953, 1955, 1966, 1969, 1972, 1976. En cada golpe de Estado, en cada dictadura, les importó un maní la vida ajena. Mataron, secuestraron, torturaron, bombardearon plazas, reprimieron, desaparecieron personas y se apropiaron de sus hijos. ¿Qué reparos pueden tener ahora que además están cebados, henchidos de odio y racismo, y hasta orgullosos de haber abusado de la pobre inocencia de un tercio de la población para que hoy sean pobres de derecha?

Habría que ser muy tontamente ingenuos para creer que en esta oportunidad van a proceder respetando Constitución y leyes, sobre las que llevan cuatro años defecando, avalados por una justicia gelatinosa, sobrada de jueces y fiscales parciales y corrompidos.

Son psicópatas, son malos en serio, y no tendrán el menor recato en apelar a la violencia. Saben hacerlo, y para eso, es obvio, han rearmado fuerzas de choque como la gendarmería y las policías bravas animalizadas por el gatillo fácil autorizado, sustituyendo cínicamente a las Fuerzas Armadas, hoy en segundo plano.

Quizás, y ojalá, esta nota esté equivocada y estas prevenciones sean meros temores de veterano. Pero concédase que el odio que han parido y siguen inoculando es muy peligroso.

A nuestro país le espera, sin dudas, una larguísima marcha de reparación de estas taras. Controlar los odios, curar las heridas, equilibrar, sosegar, ponderar, educar para la gigantesca tarea de la Paz y la Democracia. Ya tendremos gobiernos que se encarguen de ello. Pero hoy estamos en la cresta de la ola del peligro. El macrismo es estafa, es fraude como lo es el radicalismo que le hace coro, vulgar caricatura de sí mismo. Unos y otros, llenos de odio, abominan de la democracia porque detestan a los pobres y a los indios y a los negros, que en este país suman la inmensa mayoría del pueblo trabajador.

Estos tipos representan violencia latente, porque su violencia en la historia los delata. No tenerlo en cuenta en estas horas decisivas sería, por lo menos, estúpido en el sentido exacto del término: necio, falto de inteligencia.