Soy Jauretche: de la política a la ficción

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Una obra teatral escrita y dirigida por Guillermo Salz, Soy Jauretche, recoge el legado del fundador de FORJA y lo proyecta en escena. El autor explica su gestación y su contenido.

El proceso creativo de esta pieza me llevó tres años de trabajo. Con avances, estancamientos y retrocesos. La principal dificultad radicaba no en la carencia sino en la sobreabundancia. Dramatizar un momento de la vida de Don Arturo implicaba la difícil tarea de sacrificar montañas de ricas anécdotas, luchas, debates, duelos, libros, amistades, gestión política, exilio, casamiento, cárcel, decepciones y amores. Para poder contar algo, había que buscar un punto de anclaje de un concreto conflicto dramático.

La idea que tomó fuerza es la de detenerme en un punto crucial, los tres últimos días de su vida. Desde el 23 al 25 de mayo de 1974, fecha de su fallecimiento. Desde esta altura de su existencia a los 74 años, el personaje rememora y recupera triunfos, derrotas y fantasmas. Recuerda sus luchas por Yrigoyen, por FORJA, Perón, Evita, Frondizi; también sus peleas con todos ellos.

Sus experiencias de vida se ponen en contrapunto a la condensación de la historia del siglo XX en un clima de violencia política que se profundiza en 1976. Esta violencia naturalizada por aquel entonces, se expone en la piel del personaje antagónico Tito, un joven idealista que toma las armas en plena democracia del tercer gobierno de Perón.

 Soy Jauretche, como toda obra de teatro es ficción. Si bien ciertos pasajes han sido acontecimientos realmente ocurridos, son evocados por necesidad creativa. Dicho de otra manera, la vida de Don Arturo, sus luchas y sus escritos abastecen la materia para la creación dramática. La pieza plantea el problema de transferir experiencias de generación en generación. En este caso, con los jóvenes que tomaron las armas en plena democracia con Perón en el gobierno. Es en torno a este punto donde se configura el conflicto dramático entre el viejo luchador y el joven idealista que lo quiere como a un padre y viceversa. Don Arturo presiente la cercanía de la muerte y nos deja un legado, su vida como ejemplo; sus palabras y sus luchas nos interpelan hoy como enseñanzas que perduran en nuestro dramático presente.