«Diciembre»: el documental que recupera imágenes inéditas de 2001 y vuelve a hacer cantar «¡Que se vayan todos!»
La película se estrena en Malba Cine después de su paso por el Festival Internacional de Cine de Ámsterdam. Lucas Gallo, su director, explica por qué eligió reconstruir la crisis sin voces en off ni especialistas.
Hay imágenes que todos creen conocer. Están gastadas por la repetición, por los noticieros, por los aniversarios, por la memoria colectiva. Lucas Gallo decidió volver sobre una de ellas con una pregunta distinta: qué ocurre si a diciembre de 2001 se le quita la televisión para descubrir qué había detrás de la televisión. El resultado es Diciembre, un documental que llegará el 24 de julio a Malba Cine después de su estreno internacional en el IDFA de Ámsterdam y de un recorrido por distintos festivales, donde reconstruye aquellas jornadas de la crisis argentina a partir de material de archivo restaurado.
No hay entrevistas actuales. No hay voces en off que expliquen lo ocurrido. Tampoco especialistas que ordenen los hechos. La película propone otra experiencia: vivir el estallido casi en tiempo real, como si una cámara perdida hubiera recorrido las calles mientras el país se derrumbaba entre cacerolas, saqueos, gases lacrimógenos y la consigna que marcó una época: «¡Que se vayan todos!». Lo que empezó con cacerolazos terminó en un helicóptero. Y esa energía es la que busca mostrar un documental diferente.
Después de 1982, donde también había trabajado intensamente con archivos televisivos, Gallo sintió que necesitaba cambiar el enfoque: «Me interesaba otra cosa. 1982 estaba muy apoyada en cómo los medios habían contado la guerra. Acá quería mirar más allá de la televisión. Siempre tuve la fantasía de hacer una película de cine directo, como si hubiera estado caminando por diciembre de 2001 con una cámara, sin conocer a nadie. Como eso era imposible, fui a buscar esa película dentro de la televisión.»
La idea empezó a tomar forma entre 2019 y comienzos de 2020. Lo que parecía un proyecto relativamente sencillo terminó convirtiéndose en un trabajo de cinco años de búsqueda, selección y reconstrucción. Para Gallo, diciembre de 2001 representa otro gran punto de inflexión de la democracia argentina: «Hay un quiebre en 1983 con la recuperación democrática, pero para mí también existe otro en 2001. Hasta entonces parecía que había un paradigma político bastante estable, con sus diferencias entre radicalismo y peronismo. Después de ese estallido todo cambia. Me interesaba volver a ese momento porque siento que ahí empieza otra historia.»

El director sabía dónde buscar. Crónica TV había cubierto aquellas jornadas prácticamente desde la calle, con móviles permanentes y muy poca estructura de estudio. Allí apareció el primer hallazgo: «Lo primero que hicimos fue buscar en Crónica porque tenía la esperanza de encontrar material bruto. Imaginaba que existía una especie de registro continuo. Cuando entramos al archivo encontramos muchísimo material. No era exactamente el crudo que había fantaseado, pero sí había horas y horas de imágenes que nunca habían sido utilizadas de esa manera.»
Sin embargo, el verdadero trabajo recién empezaba. Había que borrar las marcas de la televisión para que apareciera otra película: «Terminamos inventando un equipo de filmación. Como si hubiera existido un camarógrafo soñado que recorrió toda la Argentina durante esos días. Sacamos a los periodistas, escondimos los micrófonos, evitamos los logos de los canales. Empezamos a usar la televisión solamente como archivo visual y sonoro. Fue un trabajo enorme de quitar capas.»
La operación parece sencilla cuando se la cuenta. En realidad, implicó revisar cientos de horas de imágenes y replantear cada plano: «Al principio me desesperaba porque veía demasiada televisión. Y eso era justamente lo que no quería. Poco a poco empezamos a reencuadrar las imágenes, a eliminar todo lo que remitía al dispositivo televisivo. Cuando desaparecieron los cronistas aparecieron otras cosas: los rostros de la gente, los silencios, los movimientos de los camarógrafos. Ahí apareció una película mucho más cinematográfica.»

Esa libertad es, para Gallo, una de las grandes virtudes del documental: «Muchas veces se piensa que el documental tiene que explicar. Para mí pasa exactamente al revés. Tiene una libertad enorme. Uno puede transformar el material, construir otra experiencia. Yo quería que la película fuera un mundo autónomo, que funcionara por sí mismo, sin entrevistas hechas veinte años después ni voces que ordenaran el pasado.»
Por eso la película permanece siempre dentro de diciembre de 2001. El espectador desconoce el final igual que quienes aparecen en pantalla: «Cuando uno vive la historia en presente no sabe cómo termina. Me interesaba recuperar esa incertidumbre. Qué decía la gente en ese momento. Qué sentía. No mirar el pasado desde hoy, sino volver a vivirlo.»
Aunque evita construir una lectura cerrada, Gallo reconoce que durante el montaje aparecieron resonancias inevitables con el presente argentino: «Antes de las últimas elecciones ya empezábamos a encontrar muchas cosas que se repetían. La discusión sobre la dolarización, determinadas políticas económicas, ciertos discursos. Y ahora pasa algo curioso: en algunas funciones la gente vuelve a cantar ‘Que se vayan todos’. Es impresionante cómo algunas consignas regresan.»
Sin embargo, aclara que la película no busca establecer equivalencias fáciles entre épocas diferentes: «No me interesa dar respuestas. Me interesa hacer preguntas. La historia nunca se repite exactamente igual, pero hay ecos que aparecen. Cada espectador hará su propia lectura.»
Lo que sí le interesa recuperar es una dimensión menos recordada de aquellos días.
«Siempre nos acordamos de los saqueos o de la violencia. Pero, revisando el material, encontré muchísimas escenas de solidaridad. Supermercados repartiendo comida. Comercios compartiendo lo poco que tenían. Gente ayudando a desconocidos. Hay algo de ese país que también existió y que muchas veces quedó fuera del relato.»
Esa mirada, asegura, dialoga con un presente que percibe mucho más individualista: «Siento que hoy estamos atravesando una época donde predomina la idea de salvarse solo. En cambio, en medio de aquella crisis aparecía una solidaridad muy fuerte. En los peores momentos mucha gente miraba al otro antes que a sí misma. Eso me parecía importante volver a mostrarlo.»
Después de cinco años de trabajo, la película deja de pertenecer únicamente a su director: «Hasta que no la mostrás, existe solamente en tu cabeza. Cuando aparece el público empieza otra película. Escucho lo que la gente encuentra, las preguntas que aparecen, las emociones que despierta. Ahí el experimento termina de completarse.»
Diciembre
El nuevo largometraje documental de Lucas Gallo se estrenará el 24 de julio. También se proyectará el 31 de julio en Malba Cine (Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415).





