El presidente llegó a afirmar que prefería perder la elección a resignar a su jefe de Gabinete. Bullrich y Macri tienen en sus manos la decisión de sostener al líder en caída o drenar sus votos.

Cuando sus colaboradores le contaron a Javier Milei que Patricia Bullrich estaba diciendo por televisión lo mismo que le había dicho a él mismo en privado días atrás, el presidente se desacató. Desde Estados Unidos, adonde se acercó en un nuevo viaje exprés para reunirse con otro de sus ídolos de ultraderecha, el jefe de estado comenzó a teclear a toda velocidad para pedirle a sus amigos-periodistas que le dieran espacio para intentar apagar el incendio que la ex ministra de Seguridad había iniciado en el set de Palermo. Los elegidos fueron Luis Majul y Esteban Trebuq. Sin tapujos, le rogaron al mandatario que dejara ir a Manuel Adorni y se concentrara en inflar el salvavidas de su gobierno. El líder libertario se enfrascó en su negativa y casi como un mantra repitió una y otra vez que no entregaría a su jefe de Gabinete.

La desesperación de los conductores se replicó por decenas entre los laderos del libertario quienes reconfirmaron lo que ya hasta altura deberían saber: Javier Milei no escucha a nadie que le diga algo que no está dispuesto a escuchar.

El presidente no sólo cree fervientemente en la inocencia de su exvocero. También está convencido de que todas las noticias que desde hace dos meses se suceden son obra de la oposición que, aliada con el periodismo, se mueve para desestabilizar a su gobierno. Por eso esta semana no dudó en calificar como militante kirchnerista a Matías Tabar, el contratista que le hizo a nueva la casa en Indio Cuá a su ministro coordinador por la módica suma de U$S 245.000. El arquitecto se creó una cuenta de Twitter para jurarle al presidente que lo había votado a él y que confiaba en sus políticas. Las mentes brillantes que le acercaron la idea al libertario no sabían dónde esconderse.

La férrea defensa de Adorni mueve los cimientos de la alianza entre Milei y el PRO
Adorni entra a la Casa Rosada el viernes.

Decidido a no dejar ir al favorito de su hermana Karina, quien espera con el cuchillo entre los dientes que baje la espuma del caso Adorni para seguir avanzando en el terreno del cada vez más apartado Santiago Caputo, Milei llamó a una reunión de gabinete este viernes. Durante la única media hora que participó del cónclave que se extendió por otras dos más, y donde todos los presentes fingieron gestionar un gobierno paralizado, el presidente les hizo saber a sus ministros que no estaba dispuesto a desprenderse del titular del gabinete, incluso si de eso dependía perder la elección.

Testigos cuentan que Bullrich tomó la palabra para reforzar lo que había dicho apenas unas horas antes. La senadora le pidió casi desesperada al presidente que entre en razón y entienda el costo político de su necedad mientras sus compañeros de espacio se mantenían en un peligroso silencio que no condice con las críticas que esbozan en privado al exvocero. El jefe de Estado, alterado, cerró toda posibilidad de diálogo y, casi para recordárselo a él mismo, advirtió que las decisiones de su gobierno estaban sólo en sus manos. Nadie más volvió a abrir la boca hasta que Milei dejó furioso el Salón Blanco.

Con la postura del presidente clara, el Gabinete se dispuso a trabajar. Adorni tomó el mando de la reunión y le pidió a sus subordinados avanzar con el plan de reestructuración presupuestaria para seguir profundizando el ajuste en organismos, un pedido que llegó de parte de Luis Caputo cuando se dio cuenta que los números no cerraban por ningún lado. Impagable sería el precio de ver la cara del ministro de Economía mientras el presidente le gritaba a sus compañeros de gabinete que no entregaría al yunque que está inquietando al círculo rojo. Aunque mienta en público, en privado Toto sabe que el establishment no está contento. Cuando lo sugirió en la reunión de mesa política, los presentes se inquietaron. Pero a cambio idearon un plan para intentar disipar los rumores de inestabilidad.

La férrea defensa de Adorni mueve los cimientos de la alianza entre Milei y el PRO
El abrazo entre el presidente y su jefe de Gabinete.

La idea más brillante que se le ocurrió al gobierno fue mostrar un Adorni tapado de eventos y actos para mostrar cuán activo está el jefe de gabinete mientras la justicia lo investiga por enriquecimiento ilícito. Después de visitar al voraz Alejandro Fantino, letal a la hora de profundizar sobre la vida en familia y el vínculo de amistad con los hermanos presidenciales, el viernes el exvocero inauguró una nueva planta de Mercedes Benz en Zárate y luego de dirigió a la Casa Rosada donde encabezó la segunda conferencia de prensa de la semana, esta vez con Luis Caputo y Alejandra Monteoliva como paragolpes.

Enojado porque no todos a su alrededor están dispuestos a fingir demencia, el funcionario se ofuscó como hacía tiempo no ocurría cuando el periodista Ariel Rodriguez les consultó a los tres ministros por las versiones que advierten un supuesto esquema de cobro de sobresueldos cuya llegada se extendería mucho más allá de sólo los cabecillas de los ministerios. “Queremos que la conferencia sea a agenda cerrada”, improvisó Adorni para intentar eludir -otra vez ¿y van?- la consulta del acreditado de Cadena 3 de Córdoba. Un problema a la vez, claro. Carlos Saúl Menem y María Julia Alsogaray brindan con champán desde arriba.

Aunque sigan los tropezones, por ahora no serán una caída. Como el mismo jefe de Estado de la República Argentina afirmó en vivo en televisión abierta, “Adorni no se va ni en pedo.” Y así se lo hace saber a cada uno de los curiosos que se aventuran a consultarle al presidente sobre cómo lograrán escapar de la crisis que empujó a su gobierno por debajo del 40% de imagen positiva, toda una novedad que inquieta a los propios y excita a los ajenos. Dicen que como su ex candidata a presidenta, Mauricio Macri también olió sangre.

Se habla de un encuentro privado entre el calabrés y la heredera de los Luro Pueyrredón en el que habrían acordado que de aquí en más los golpes se harían sólo por arriba del cinturón. La reunión que Diego Santilli tuvo con intendentes del PRO esta semana en la sede de Balcarce junto a Cristian Ritondo podría ser una garantía de ello. Por ahora la idea es que todo se mantenga como hasta ahora, pero ¿podría la caída en desgracia del jefe de Gabinete y el arrastre forzado que el presidente hace a todo su gobierno ser lo que motive a Bullrich a volver a los brazos de Mauricio? Juntos son dinamita, separados, un drenaje amenazante de votos. Se necesitará más que un par de amenazas y gritos para controlar a las fieras. Seguro en Olivos ya se están encargando de que todo marche acorde al plan, ¿no?