Las medidas económicas lastiman la producción y se avizora una recesión

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Debido a la profundización del déficit de la balanza comercial por el aumento de las importaciones y la caída de ventas al exterior, sumado a la alta inflación, el camino de la economía argentina se presenta incierto y ya se prevé un 2018 recesivo.

Solo unos meses bastaron para que el presupuesto votado por el Congreso con la finalidad de darle previsibilidad a la política económica durante este año quedara desactualizado. Las claves del Presupuesto 2018 quedaron desacopladas si analizamos la performance de las variables económicas hoy. La inflación de 15,5% rubricada en el papel contrasta fuertemente con los más de doce puntos que marca Indec de aumento en el Índice de Precio al Consumidor en solo cinco meses. De acuerdo a relevamientos de la consultora Focus Economics, publicados en El Cronista, la expectativa de inflación para los consultados (bancos y diversos actores importantes del mundo de las finanzas) subió alrededor de cuatro puntos promedio, respecto a lo que pensaban hace tan solo un mes atrás. El más optimista preveía una inflación de 23%, mientras que, en el otro extremo, Goldman Sachs prevé aumentos de precios de 29 puntos y Citigroup un 30% de inflación. Lo mismo podemos decir respecto al crecimiento del PBI de 3,5%. No son pocos quienes advierten un escenario recesivo.

“Sería un logro si la inflación 2018 terminara en torno al 30%”

El Ceo de Carta Financiera, compañía especializada en análisis de inversiones y gestión de portafolios, dice irónicamente que debería considerarse un logro si la inflación termina en torno al 30%. Y que lejos del aire triunfalista que el Gobierno tiene respecto a su relación con el Fondo, el efecto que el préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene en los mercados “es un optimismo muy moderado”. Esto muestra una relación directamente proporcional entre el empeoramiento de las perspectivas sobre la evolución de la economía y la profundización de las críticas a la orientación de la economía de Cambiemos, inclusive dentro de los liberales que adhieren a los mismos dogmas en los que creen Dujovne, Sturzenegger y el mismo Presidente.
La respuesta de Macri frente a la falta de credibilidad fue un cambio cosmético. Sale el criticado Sturzenegger, entra Luis Caputo. Nicolás Dujovne, el funcionario que se fortalece en la crisis, comentó en la conferencia del pasado viernes que el programa de la administración de Cambiemos que conduce Mauricio Macri “sigue siendo el mismo a pesar del cambio de nombres”. También dio a entender que la liquidez de dólares producto del acuerdo con el FMI serán destinados al mercado financiero para “disminuir la volatilidad”

Paradoja: el poder económico representado en el Gobierno es a su vez el que lo perjudica
Cambiemos está sufriendo las consecuencias de la lógica con la cual interpreta la economía, que consiste en delegar en el mercado la asignación de los recursos y factores de la economía. De hecho es el bloque hegemónico de poder económico dominante quien toma las conductas más perjudiciales para este Gobierno, curiosamente constituido por miembros de ese poder. Por caso, en mayo, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, firmó un Acuerdo de Estabilidad de Precios con Cuenta Compensatoria con las máximas autoridades de YPF, Axion y Shell, para impedir aumentos por dos meses. El acuerdo no duró ni un mes. Ya que frente a una actualización del impuesto a las naftas (producto de la alta inflación) en busca de mayor recaudación, la reacción de las petroleras fue, precisamente, trasladar la presión impositiva a los precios de los combustibles. Entonces, el problema del Presidente es que nadie del bloque económico de poder, que él representa, está dispuesto a ceder ni la más mínima renta por más extraordinaria que sea. La misma conducta tienen los grandes terratenientes o del poder financiero.
Sin definir un modelo de desarrollo con la finalidad de responder el acertijo de cómo producir riquezas en Argentina, Cambiemos prosigue su marcha haciendo sintonía fina de un modelo poco exitoso que se sostiene en dos pilares: el achicamiento de la base monetaria con los altos retornos de las Lebacs para frenar la inflación y una desregulación de la economía a favor del gran capital concentrado esperando que la distribución regresiva del ingreso se traduzca en inversión productiva.

Hacia la recompra de Lebacs

Ahora, el Central está en la disyuntiva de desarmar el stock de Lebac, que ya supera el billón de pesos, evitando incurrir en medidas que amplíen la base monetaria (la causante de la inflación según su visión de la economía) y sorteando la posibilidad que quienes liquiden vayan al dólar generando una corrida cambiaria. Por lo pronto, la estrategia para aligerar el megavencimiento del 19 de junio de $663.000 millones es la recompra de Letras. De este modo logró reducir en 100 mil millones de pesos los vencimientos de maña martes. No obstante, no es un buen negocio para el Central ni para la economía del país elevar el retorno de las letras del BCRA para absorber los pesos de la economía, renegociar los títulos de deuda subiendo los rendimientos para luego recomprarlos en un contexto de alta inflación. Conclusión, las Lebacs no sirven como instrumento antiinflacionario, quizás porque el aumento de los precios no sea un fenómeno estrictamente monetario.

¿Y el déficit del sector externo?

Entonces, a un contexto económico signado por una elevada inflación, con aumentos constantes de la cotización del dólar, tasas bancarias que paralizan a cualquier economía, aumento de combustibles, se le suma un aspecto a atender del que poco se habla. El déficit del sector externo que es una consecuencia, indefectiblemente, de la apertura de las importaciones y de la reprimarización de las exportaciones argentinas. De acuerdo a información de Indec sobre el saldo de la balanza comercial durante el primer trimestre del año, Argentina mantiene un saldo deficitario con muchas economías del mundo, donde podemos destacar a la Unión Europea, China, Estados Unidos, Corea y Japón. Lo cual tiene cierta lógica en el sentido de que son países más industrializados que la Argentina. No obstante, también hay balanza deficitaria con: Bolivia, Paraguay, Puerto Rico, Pakistán, Singapur, Sri Lanka, Tailandia, Nigeria y Omán. Es decir, con economías que no producen mercancías que acá no se hagan, de hecho muchas de ellas tienen una estructura productiva parecida a la argentina basada en la producción de alimentos y materias primas.
Con Dinamarca pasamos de tener un saldo favorable en el primer trimestre del año pasado a un déficit en igual periodo del 2018. Sin lugar a dudas que la importación de cortes congelados de carne de cerdo del país escandinavo tiene que ver en rojo comercial. De igual modo, Cambiemos habilitó la importación de carne de cerdo de Estados Unidos por unos diez millones de dólares, lo cual perjudicaría a los pequeños productores de las economías regionales. Un importante dirigente de la Asociación Argentina de Productores de Porcinos dijo a la prensa que el sector ocupa a unos 38.000 trabajadores y con esta política externa “de 4.600 establecimientos que hay, 2.000 desaparecerán”.

Así las cosas, el encarecimiento de las naftas, el elevado costo del dinero, la alta rentabilidad de la especulación financiera y la apertura comercial, son medidas que repercuten desfavorablemente contra el tejido productivo del país. En este estado de situación es factible pensar que el año concluirá con una recesión económica.